EDITORIAL

Manos sin fusiles, manos en la lente

David Leonardo Quitián Roldán1

david.quitian@unad.edu.co

Las dos primeras fotografías de la presente editorial esperaron hasta el último momento para ser publicadas: ellas recrean dos instantes capturados por la prensa internacional que, no dudamos serán, icónicos en la memoria colectiva (oficial e informal) de la nación. Ambientan y complementan los DESBORDES analíticos y comprensivos que atendieron la invitación y convocatoria de este número antológico, que habla menos de la guerra y más de la paz entre los colombianos.

Esas imágenes del guerrero y el estadista (que también fue “guerrero”: no olvidemos que ofició como Ministro de Defensa de su antecesor y que -al ser el Presidente- es también el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas) dándose la mano sellan un ciclo de 52 años de violencia política que no en pocas ocasiones -como si ya eso no fuera grave- se pervirtió a niveles genocidas, con la vinculación de otros ejércitos de cuño paramilitar, terrateniente y narcotraficante.

Un gesto que vale una nación

Esas dos fotografías eternizan el alivio de una sociedad hastiada de conflicto interno y lastimada por él: en ellas se ven los estrechones de mano del jefe de Estado colombiano, Juan Manuel Santos, y del comandante de las Farc, Timoleón Jiménez, que había adoptado el nombre de “Timochenko”. La primera fue tomada el 23 de septiembre de 2015 al anunciarse el acuerdo de justicia transicional en el marco de los diálogos de paz de La Habana y la segunda el 23 de junio de 2016, con la firma del cese bilateral definitivo del fuego entre las partes.

Las dos imágenes encarnan múltiples sentimientos y significados: en su sentido más amplio escenifican la dualidad histórica del último medio siglo de historia nacional, representada por la figura del presidente -metonimia del establishment- y del enemigo rebelde; en otras palabras: de la institucionalidad y del subversivo que la desafía. Rivalidad heredada del bipartidismo que asoló las primeras seis décadas de la centuria pasada y que ha sido el guion noticioso, desde el bombardeo a Marquetalia en 1964, que desató el origen de la guerrilla de las FARC en el sur del Tolima.

Pero el simbolismo de esas postales -no anticipadas por profetas- supera el maniqueísmo de dos partes que se aprestan a la reconciliación: en medio de los dos está un Castro (Raúl), uno de los barbudos que derrocaron al dictador cubano Fulgencio Batista en 1959. Que un guerrillero triunfante sea el mediador entre un movimiento que se nutrió de su ejemplo y de un gobierno amigo al que reconoce como legítimo (pese a que en su momento hubo ruptura de relaciones por causa de las simpatías de Fidel con la insurgencia) no deja de ser indicativo de que los tiempos están cambiando: en épocas pasadas eso sería -de un lado- una traición a la causa de la izquierda armada o “la entrega de la civilidad al terrorismo internacional”.

Foto 1. Imposición de las manos sobre los rifles. La derrota de la violencia por la concertación. Flash de un momento histórico de la nación: estrechón de manos de presidente Juan Manuel Santos y comandante guerrillero “Timochenko”, del 23 de septiembre de 2015 en La Habana. Recuperado de http:// es.rfi.fr/americas/20150924-santos-y-timochenko-firman-lajusticia-de-la-paz (07/07/2016).

Ni lo uno ni lo otro. Las fotos recrean fases parciales de una negociación que ha tenido varios amagos de naufragio (incluido el Plebiscito) y milagrosas reactivaciones como la acontecida con el Nobel de Paz; pese a todo, la firma del acuerdo parece irreversible: el color blanco es protagonista de ambos retratos históricos en los que se dibujan sonrisas en los suscriptores de la negociación. En esos rostros se expresan distintos niveles de satisfacción: el presidente Santos apenas vislumbra una mueca de empatía y en la mayoría de registros gráficos evita los ojos del guerrillero ¿Pensará que al encontrarse en la mirada puede delatar más de lo que un mandatario puede darse el lujo de traslucir? La realpolitik le aconsejará cálculo, contención y prudencia: es posible que un exceso de amabilidad pudiera mostrarlo como un partner de la contraparte, lo que acarrearía perder más puntos de popularidad; mientras que un dejo de displicencia encendería la desconfianza de sus oponentes. Por eso su rostro es la justa medida del equilibrio.

El comandante Timochenko se ve efusivo, hasta hilarante: como lo remarcó en su discurso del 23 de junio “las FARC no fueron derrotadas” y prueba de ello es el estatus de beligerancia que los reconoce como legítima contraparte; sin embargo, la autodefensa campesina que fundara “Tirofijo” en el cañón del Duda y Riochiquito

Foto 2. Los diplomas del acuerdo. El estadista y el subversivo mediados por un Castro que reúne ambas condiciones: fue guerrillero y es mandatario. Cuba: 23 de junio de 2016. Recuperado de http://lasillavacia.com/historia/laspreguntas-que-resolvieron-santos-y-timochenko-hoy-y-lasque-no-56239 (02/07/2016).

tampoco pudo decir que triunfó en su revolución. Lo que se produjo, según autores como Carlos Medina Gallego (2010), fue un “doloroso empate” que condujo a la cesión mutua de intereses: en palabras del ex presidente uruguayo, Pepe Mujica, “el sacrificio parcial de la justicia, por el bien supremo de la paz”. ¿Paz total? Todavía no, la paz sí entre las fuerzas regulares del Estado y las irregulares, comúnmente llamadas “farianas”.

Con las firmas de los emisarios, la entrega del balimetro (estilógrafo hecho con el cartucho de una bala) la inclusión de propuestas de sectores opositores al primer acuerdo (que fracasó a la mayoritaria refrendación popular en el plebiscito) y la aceptación de la base guerrillera de los acuerdos hecha en la pasada X Conferencia de las Farc-EP (que será la última con esa denominación), esta guerrilla pasará de ser un “ejército haciendo política” como las definió el violentólogo Alejo Vargas (2006), a ser un partido político de verdad, que definirá su futuro con ideas y comicios. Sin embargo, ese proceso será incompleto sin la otra guerrilla histórica: el ELN.

Al cierre de esta edición, las aproximaciones entre el gobierno Santos y los popularmente llamados elenos sorteaban dificultades; sin embargo ya se había producido una fotografía que, a juzgar por las que ya examinamos aquí, permite la ilusión.

Foto 3. Una postal de la esperanza: el emisario del gobierno nacional (Frank Pearl) y el delegado del ELN (Antonio García) anuncian apertura de diálogos saludándose en Caracas. Foto del 31 de marzo de 2016. Recuperado de http://www. semana.com/nacion/articulo/proceso-con-el-eln-por-fininicia/467655 (02/07/2016).

Todo para que ese “partido político armado” (Vargas, 2006) que es esta guerrilla -que iconizara la figura del Cura Camilo Torres- desista de la “combinación de todas las formas de lucha” y opte por el camino de la salida negociada y la política sin armas.

¡Venga esa mano país!

El lema el subtítulo de arriba fue un llamado a la reconciliación del inmolado líder de la Unión Patriótica (UP), Bernardo Jaramillo Ossa. No obstante su pedido fue respondido con sevicia sicarial, como también aconteció con Luis Carlos Galán y Francisco Pizarro, todos candidatos en las presidenciales de 1990.

La UP fue la última tentativa política -desde medidos de los años 80- antes de la posibilidad de participación política que se abre para las FARC; por ello el recuerdo de Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal (de la UP, también asesinado) y de las 220 mil muertes documentadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica (2013), en el periodo 1958 y 2012, son un fardo que no dejará de pesarnos mientras continúe la nefasta guerra. Pena que tuvo un ápice de justicia con la reciente aceptación del Estado colombiano, en cabeza del presidente, de la responsabilidad de ese genocidio.

Foto 4. El M-19 devolvió la raptada Espada de Bolívar y firmó la paz en el gobierno Barco. El comandante Pizarro y su sombrero oficializan el acuerdo en el Palacio de Nariño. Imagen del 25 de febrero de 1990. Recuperado de http://www.socialhizo.com/ biografias/virgilio-barco-vargas (02/07/2016).

El asesinato de Bernardo Jaramillo acabó la posibilidad de que se cumpliera su invitación; su compañero de martirio, Francisco Pizarro, comandante guerrillero del Movimiento 19 de abril (M-19), si pudo firmar el armisticio y darse la mano con el mandatario de entonces, Virgilio Barco Vargas, en 1990. Una de las consecuencias de esa negociación fue el repensar la patria en clave de participación ciudadana; declarando la pluralidad y multiculturalidad de la nación. Para ello se clausuró el Congreso, se instaló una Asamblea Nacional Constituyente y se redactó una nueva constitución que proclamó una base más amplia de derechos fundamentales (erigiendo la tutela) y reconoció derechos civiles a indígenas, negritudes y otras poblaciones históricamente marginadas.

También el EPL suscribió acuerdo de paz en los noventas y más atrás, como antecedente directo de esta vorágine de política armada (fruto de la injusticia social, de la ausencia y violencia del Estado; del problema de la distribución de la tierra, de la pobreza ) encontramos el saludo entre el rebelde criollo (estigmatizado entonces como “bandolero”), Guadalupe Salcedo y el dictador/ general - presidente Gustavo Rojas Pinilla. Ambos carismáticos, los dos guerreros; uno representante genuino del orgullo indomable de los liberales perseguidos: el guerrero “orgánico”

Foto 5. El hombre que se convertiría en leyenda, Guadalupe Salcedo (uno de los comandantes de las guerrillas liberales), es saludado por el jefe de Estado, general Gustavo Roja Pinilla. Recuperado de http://centromemoria.gov.co/HechosDePaz/ (02/07/2016).

parafraseando a Gramsci; el otro el “golpista de opinión” (el “jefe supremo” como era llamado) que pacificó al país andino y desencadenó el acuerdo entre las élites beligerantes: con él nace el Frente Nacional.

El uno caudillo de la “República independiente” de los Llanos (con sus leyes y todo); el otro de la república unitaria, católica, de Concordato y clausura de parlamento y libertad de prensa. El estrechón de manos es la sentencia del fin de las guerrillas del Llano, pero también de la traición a la paz, ya que Guadalupe sería asesinado tiempo después de la rendición firmada.

Como se ve, firmar no siempre significó la desaparición de la violencia y varios de los que suscribieron acuerdos perdieron su vida por causa de los odios no clausurados. Por eso hoy les recordamos y honramos su sacrificio en las palabras del profesor Antanas Mockus: “la paz es la victoria de las víctimas”. De ahí que este tratado de paz, además de ser la maduración de una guerra imposible de resolverse por vía militar, sean un ejercicio supremo de confianza y también de valentía.

Desde la Escuela de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades, de nuestra UNAD saludamos esos gestos de reconciliación, expresamos nuestra voluntad y compromiso de aportar y celebramos el inicio de un nuevo capítulo: el de la sociedad del pos - acuerdo.

Referencias

  1. Alejo Vargas Velasquez. “Guerra o solución negociada. ELN: Origen, evolución y procesos de paz”. En: Colombia 2006. Ed: Intermedio Editores. Págs. 343.
  2. Centro Nacional de Memoria Histórica. ¡Basta Ya! Colombia: Memoria de Guerra y Dignidad. Resumen. Bogotá: Pro-Off Set, 2013.
  3. Medina, Carlos. FARC-EP Y ELN. Una historia política comparada (1958-2006). Trabajo para optar al título de Doctor en Historia. Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas Departamento de Historia, Bogotá 2010.


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