

Artículos Producto de Investigación
La gestión de la voz femenina en la edición colombiana: historia y disputas de legitimidad
The Management of Female Voices in Colombian Publishing: History and Legitimacy Struggles
Revista Estrategia Organizacional
Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia
ISSN: 2339-3866
ISSN-e: 2539-2786
Periodicidad: Semestral
vol. 15, núm. 1, 2026
Recepción: 01 septiembre 2025
Revisado: 01 octubre 2025
Aprobación: 31 octubre 2025

Resumen: Introducción: Este artículo examina la trayectoria de la participación femenina en la industria editorial colombiana, destacando su presencia histórica y las tensiones que han condicionado su visibilidad. El texto muestra que, aunque las mujeres han intervenido de manera sostenida en la producción cultural desde el siglo XIX, su reconocimiento ha sido limitado por estereotipos, desigualdades y estructuras editoriales dominadas por hombres. Metodología: El análisis se desarrolla a partir de una perspectiva histórico-crítica que recupera hitos, autoras y contextos socioculturales que explican la evolución del papel femenino en la edición. Resultados: Se evidencia que figuras como Soledad Acosta de Samper y las escritoras del siglo XX abrieron caminos para las autoras contemporáneas, en un proceso atravesado por restricciones sociales, luchas feministas y transformaciones culturales. Se identifican, además, brechas actuales en representación, acceso a cargos directivos y legitimación simbólica. Conclusiones: La revisión histórica confirma que la voz femenina ha sido decisiva para el desarrollo del campo editorial colombiano y que su visibilidad actual depende de fortalecer iniciativas y espacios que promuevan equidad y reconocimiento.
Palabras clave: participación femenina, edición colombiana, historia literaria, industria editorial, feminismo.
Abstract: Introduction: This article examines the historical trajectory of women’s participation in the Colombian publishing industry, highlighting their sustained but often underrecognized presence. It shows that, despite their long-standing contributions to cultural production since the nineteenth century, women have faced structural barriers, stereotypes, and limited recognition within a male-dominated editorial environment. Methodology: The analysis follows a historical-critical approach that traces key figures, contexts, and cultural processes shaping women’s roles in publishing. Results: The study identifies foundational contributions by early authors such as Soledad Acosta de Samper, as well as by major twentieth-century writers, whose work helped expand women’s presence in the field. Persistent gaps remain in leadership, visibility, and symbolic legitimacy, even as feminist movements and cultural initiatives have broadened opportunities. Conclusions: The findings demonstrate that female voices have been central to the evolution of Colombian publishing and that their full recognition requires sustained efforts toward equity and cultural inclusion.
Keywords: female participation, Colombian publishing, literary history, editorial industry, feminism.
INTRODUCCIÓN
La industria editorial colombiana ha experimentado transformaciones sustantivas a lo largo de las últimas décadas, tanto en sus estructuras productivas como en sus dinámicas de circulación, legitimación y consumo cultural. En este proceso, se ha observado un reconocimiento progresivo —aunque desigual— de la voz femenina en el ámbito literario y editorial. No obstante, resulta fundamental subrayar que este “reconocimiento” no implica la aparición reciente de las mujeres en el campo, sino, más bien, la visibilización tardía de una participación histórica que durante largos períodos permaneció subrepresentada, subordinada o simbólicamente desvalorizada. Reconocer, en este sentido, supone poner de relieve trayectorias, prácticas y aportes que existían con anterioridad, pero que no habían sido plenamente integrados a los relatos dominantes sobre la edición y la cultura escrita en Colombia (Bourdieu, 1995; Chartier, 1996).
Desde el siglo XIX, las mujeres han intervenido de manera activa en la producción cultural colombiana como escritoras, traductoras, editoras y gestoras de proyectos editoriales. Sin embargo, su inserción en el campo editorial ha estado condicionada por estructuras de género que delimitaron los temas considerados legítimos, los espacios de publicación disponibles y las formas de reconocimiento simbólico a las que podían acceder. Diversos estudios sobre historia literaria y cultural en América Latina han señalado que estas limitaciones no respondieron únicamente a prejuicios individuales, sino a mecanismos institucionales que regularon el acceso de las mujeres a los circuitos de consagración intelectual y editorial (Showalter, 2009; Kirkpatrick, 2010).
Estas restricciones operaron tanto a nivel social y cultural como en prácticas editoriales concretas, tales como la selección de catálogos, la asignación de roles profesionales y la construcción de jerarquías internas dentro de las casas editoras. La edición, entendida como un espacio de mediación cultural, participa activamente en la producción de valor simbólico y en la definición de qué voces merecen circular y ser reconocidas (Darnton, 2011). En este sentido, las desigualdades de género se inscriben en dinámicas más amplias de poder que atraviesan el campo editorial y que han favorecido históricamente la centralidad masculina en los procesos de toma de decisiones.
En este marco, la gestión de la voz femenina en la edición colombiana puede comprenderse como un proceso atravesado por disputas de legitimidad, en el que las mujeres han debido negociar de manera constante su lugar en un campo configurado mayoritariamente desde parámetros masculinos. Como señalan los estudios feministas sobre cultura y producción simbólica, la legitimación no depende exclusivamente de la calidad de las obras, sino de las condiciones sociales e institucionales que permiten su circulación, lectura y valoración (Scott, 2008; Butler, 2004). Así, la presencia femenina en la industria editorial no se limita al número de autoras publicadas, sino que involucra su acceso a cargos directivos, su capacidad de incidir en políticas editoriales y la posibilidad de construir trayectorias profesionales estables y visibles.
El análisis de esta problemática adquiere especial relevancia en el contexto contemporáneo, marcado por transformaciones culturales asociadas a los movimientos feministas, la ampliación de derechos y la reconfiguración de las sensibilidades sociales frente a las desigualdades de género. Estos procesos han tenido un impacto directo en el campo editorial latinoamericano y colombiano, generando nuevas oportunidades de visibilización para las mujeres, pero también evidenciando la persistencia de brechas en términos de representación, liderazgo y reconocimiento simbólico (Fraser, 2015; Ahmed, 2017). La coexistencia de avances y continuidades problemáticas pone de manifiesto la necesidad de abordar la participación femenina desde una perspectiva histórica que permita comprender tanto los logros alcanzados como las tensiones aún vigentes.
En este contexto, el presente artículo tiene como objetivo explorar la evolución de la participación femenina en la industria editorial colombiana, atendiendo a los desafíos que han enfrentado las mujeres en distintos momentos históricos y al impacto de sus contribuciones en la sociedad y la cultura del país. A partir de una mirada histórico-crítica, se busca analizar cómo se han configurado las condiciones de posibilidad para la circulación de la voz femenina, qué disputas han marcado su legitimación y de qué manera estas dinámicas continúan influyendo en el campo editorial contemporáneo. Este enfoque permite no solo reconstruir un proceso histórico, sino también aportar elementos para la reflexión sobre las políticas culturales y editoriales necesarias para avanzar hacia escenarios más equitativos y representativos (Williams, 2009; Bourdieu, 2002).
METODOLOGÍA
Historia de la participación femenina en la industria editorial
La trayectoria de la literatura en Colombia ha estado marcada por la presencia de mujeres que, a pesar de las limitaciones sociales y culturales de su tiempo, han dejado una huella perdurable. Desde el siglo XIX, autoras como Soledad Acosta de Samper y Teresa de la Parra comenzaron a abrir caminos en un ámbito predominantemente masculino. Estas escritoras no solo enfrentaron restricciones asociadas al acceso a la educación formal y a los circuitos editoriales, sino que también debieron negociar con representaciones sociales que concebían la escritura femenina como una actividad secundaria o impropia del espacio público. En este sentido, su participación temprana puede interpretarse como una forma de resistencia cultural que permitió sentar las bases de una tradición literaria femenina en Colombia y América Latina (Showalter, 2009; Scott, 2008).
Sin embargo, fue durante el siglo XX que la participación femenina comenzó a consolidarse de manera más visible y significativa. Escritoras de renombre como Laura Restrepo, Piedad Bonnett y María Mercedes Carranza se convirtieron en referentes importantes, abordando temas como la identidad, la violencia y la desigualdad en sus obras. La emergencia de estas autoras coincidió con transformaciones sociales más amplias, vinculadas a la expansión del sistema educativo, a la profesionalización del campo cultural y a la apertura gradual de espacios editoriales que permitieron una mayor circulación de voces femeninas. Desde una perspectiva histórico-crítica, estas trayectorias evidencian cómo la literatura escrita por mujeres contribuyó a diversificar los repertorios temáticos y discursivos del canon nacional, al tiempo que cuestionó las jerarquías simbólicas establecidas (Woolf, 2016).
La llegada de la democracia en los años noventa y el surgimiento de movimientos feministas desempeñaron un papel fundamental en este proceso. Las mujeres comenzaron a organizarse y a crear espacios de discusión y promoción para sus obras, lo que favoreció la conformación de redes intelectuales, editoriales y académicas orientadas a visibilizar la producción femenina. En este contexto, el feminismo no solo funcionó como un movimiento político, sino también como un marco interpretativo que permitió revisar críticamente la historia literaria y editorial, identificando exclusiones, silencios y desigualdades persistentes (De Beauvoir, 2018).
En este contexto, es esencial reconocer a aquellas que desafiaron las expectativas de género de su tiempo, como la notable Débora Arango, cuyas obras de desnudos femeninos escandalizaron a una sociedad que no estaba lista para que las mujeres abordaran estos temas. Su producción artística puede leerse como una intervención radical en el orden moral y cultural de su época, en la medida en que cuestionó los límites impuestos al cuerpo y a la expresión femenina. Este reconocimiento gradual es un reflejo de una realidad histórica más amplia; desde la Edad Media, las mujeres que se atrevían a pensar de manera diferente eran consideradas brujas y a menudo condenadas a la hoguera. Esta analogía histórica permite comprender la persistencia de mecanismos simbólicos de sanción y estigmatización que han operado contra las mujeres en distintos contextos históricos.
Elizabeth Sankey nos recuerda esta injusticia en su documental Brujas (2024), donde explora los estigmas sociales que han afectado a las mujeres a lo largo de los siglos. La incorporación de este referente audiovisual en el análisis metodológico permite ampliar la reflexión hacia una dimensión cultural transhistórica, en la que la censura y el castigo de la voz femenina se manifiestan bajo formas diversas, pero estructuralmente relacionadas.
Desafíos en la industria editorial
La participación de las mujeres en el sector editorial colombiano se ha caracterizado por su riqueza y relevancia a lo largo de la historia, aunque a menudo ha quedado relegada a un segundo plano en las narrativas oficiales. Durante siglos, las mujeres han desempeñado papeles esenciales como impresoras, editoras y libreras, y han contribuido de manera fundamental al desarrollo del panorama literario y cultural del país. No obstante, estas contribuciones han sido históricamente invisibilizadas, lo que ha reforzado una visión androcéntrica del campo editorial y ha limitado el reconocimiento de las mujeres como agentes centrales de la producción cultural.
Un estudio reciente realizado por el Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, 2024) en cinco países de América Latina, que incluye a Colombia, ha revelado cifras significativas sobre la situación de las mujeres en este sector. Según el informe, aunque las mujeres constituyen aproximadamente el 72,1% del personal en las editoriales encuestadas, su representación en cargos directivos es desproporcionadamente baja. El 15,6% de las editoriales indicaron que no contaban con ninguna mujer en roles de liderazgo, y en el caso de las editoriales más grandes, la participación femenina en estos cargos tiende a disminuir. Estos datos permiten evidenciar la existencia de un “techo de cristal” que limita el acceso de las mujeres a posiciones de toma de decisiones dentro de la industria editorial, a pesar de su alta presencia en los niveles operativos y técnicos.
Además, el estudio señala que el 56,9% de las mujeres encuestadas son el principal sustento económico de sus hogares, lo que subraya la urgencia de implementar políticas públicas que fomenten la equidad de género en este ámbito. Esta condición adquiere especial relevancia si se considera que, aunque las mujeres son mayoría en funciones como la traducción, la corrección y la edición de textos, la brecha salarial persiste, reproduciendo desigualdades estructurales que exceden el ámbito cultural y se inscriben en dinámicas más amplias del mercado laboral (Cerlalc, 2024).
A pesar de los numerosos obstáculos que enfrentan, las mujeres han comenzado a ganar un reconocimiento más significativo dentro de la industria editorial. Están impulsando iniciativas que buscan no solo visibilizar su trabajo, sino también garantizar una inclusión más equitativa de sus voces en los catálogos editoriales. Este avance representa un paso crucial hacia la construcción de un sector editorial más justo y representativo, donde las contribuciones y los talentos de las mujeres sean debidamente reconocidos y valorados en su totalidad, no solo como fuerza laboral, sino como creadoras, gestoras y decisoras culturales.
Otro desafío significativo es el sesgo de género en la crítica literaria. A menudo, las obras de autoras son evaluadas con criterios distintos a los aplicados a sus homólogos masculinos, lo que incide directamente en su visibilidad, en la asignación de valor simbólico y en las oportunidades de publicación y difusión. Este sesgo se traduce en una menor promoción de las obras escritas por mujeres en festivales literarios, ferias del libro y medios de comunicación especializados, afectando su circulación y reconocimiento dentro del mercado editorial y del campo literario en general. Desde esta perspectiva, la metodología adoptada permite comprender que la desigualdad de género en la edición no es únicamente un problema de representación numérica, sino una cuestión estructural vinculada a los mecanismos de legitimación cultural.
RESULTADOS
A pesar de los obstáculos, las autoras colombianas han realizado contribuciones significativas que enriquecen la literatura del país. Sus obras reflejan una diversidad de experiencias y perspectivas que añaden profundidad a la narrativa colombiana. La participación de mujeres en el ámbito literario no se limita exclusivamente a la ficción; también hay una creciente presencia femenina en la poesía, el ensayo y la crítica literaria. Este fenómeno ha sido señalado por diversos estudios como un proceso de diversificación del campo literario, en el que las escritoras amplían los marcos temáticos, formales y políticos de la producción cultural, incorporando miradas situadas sobre el cuerpo, la memoria, la violencia, la intimidad y las desigualdades estructurales (Showalter, 1985; Moi, 2002). En el caso colombiano, estas contribuciones han permitido complejizar la narrativa nacional y cuestionar cánones tradicionalmente construidos desde una perspectiva masculina y centralista.
Además, la creciente participación de mujeres en ferias del libro y eventos literarios ha permitido una mayor visibilidad de sus obras. La Feria Internacional del Libro de Bogotá, por ejemplo, ha comenzado a destacar la literatura escrita por mujeres, ofreciendo espacios específicos para autoras y promoviendo sus obras en un ámbito donde tradicionalmente predominaban los hombres. Este tipo de acciones se inscribe en una tendencia internacional orientada a la corrección de desigualdades históricas en los circuitos de consagración literaria, donde los eventos culturales cumplen un papel clave en la legitimación simbólica y la construcción de trayectorias autorales (Bourdieu, 2002; English, 2005).
Esto no solo ha fomentado el reconocimiento de autoras consagradas, sino que también ha brindado oportunidades a escritoras emergentes para que sus voces sean escuchadas. Fue así como en la Feria del Libro de Bogotá 2025, cuyo lema fue “Las palabras del cuerpo”, las voces femeninas ocuparon un papel relevante: participaron Magalí Etchebarne, literata y editora argentina, cuyos relatos sobre la enfermedad y la muerte han cobrado un papel muy importante en el panorama actual; Margarita García Robayo, cartagenera y quien ganó el premio literario Casa de las Américas con su libro Cosas peores; María Gómez Lara, quien ganó el premio Loewe con su poemario Contratono; la española María Dolores de la Puerta, escritora, cirujana plástica y una de las mayores expertas en microbiota intestinal; entre otras grandes figuras femeninas cuyas voces han ocupado un importante lugar en la literatura colombiana e hispanoamericana. La centralidad del cuerpo como eje temático en esta edición de la feria resulta especialmente significativa, en tanto ha sido uno de los territorios históricamente problematizados y silenciados en la escritura de mujeres, y hoy se constituye como un espacio de enunciación legítimo y políticamente relevante (Butler, 2004; Cixous, 1975).
Es de igual manera relevante la existencia de nuevos espacios enfocados en el feminismo y la literatura escrita por mujeres; en el caso colombiano, existen varios ejemplos, como la librería El Telar de las Palabras, en Bogotá; la Biblioteca Digital Feminista, de la Universidad Nacional (Universidad Nacional, s.f.), un repositorio de información académica y científica sobre el tema; y la Librería Woolf, cuyo propósito es reivindicar el papel de las mujeres en la escritura a lo largo de la historia; entre otros. Estos espacios no solo cumplen una función comercial o de archivo, sino que operan como dispositivos culturales de mediación, formación de públicos y construcción de comunidades lectoras con perspectiva de género, lo que contribuye a disputar las lógicas dominantes del mercado editorial y de la circulación del conocimiento (Fraser, 1990; Ahmed, 2017).
En cuanto a la edición académica, han habido varias experiencias interesantes que han permitido visibilizar el rol de la mujer en la industria del libro en Colombia; es el caso del libro Las mujeres y los estudios del libro y la edición en Iberoamérica, de Marina Garone Gravier y editado por Ediciones Uniandes, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad de Santiago de Chile; este libro analiza la participación histórica de las mujeres en el mundo del libro, en sus roles como impresoras, editoras y libreras, que han sido ignorados. A través de veintiocho académicas, se examina cómo la historia del libro latinoamericano ha omitido sus contribuciones desde el siglo XVII hasta el XXI. Este tipo de investigaciones resulta fundamental para desmontar relatos historiográficos androcéntricos y para reponer el papel estructural que las mujeres han desempeñado en la producción, circulación y preservación de la cultura escrita (Garone Gravier, 2020; Darnton, 2011).
Otro aporte del sector académico a la visibilidad de la mujer en el contexto editorial fue el reciente número de la revista Unilibros, de Aseuc (Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia), cuya temática central fue el papel de la mujer en la industria editorial. Es interesante ver, de igual manera, que las temáticas sobre género, diversidad e igualdad son cada vez más comunes en los libros de editoriales académicas, como es el caso de la colección Vindictas, de la Universidad Autónoma de México (UNAM), la cual pone en circulación novelas escritas en español por mujeres y no editadas al menos desde hace 20 años. Estas iniciativas editoriales contribuyen a la resignificación del canon y a la recuperación de obras excluidas por razones de género, consolidando políticas activas de memoria cultural y justicia simbólica (Ahmed, 2017; Tuchman, 1978).
También es relevante el libro Ellas editan, de Margarita Valencia y Paula Andrea Marín, un libro de testimonios impactantes de dieciséis mujeres que han dejado una huella en la edición colombiana durante los últimos 40 años. Cada una de estas editoras ha trazado un camino único y subversivo, tanto desde las periferias como desde el núcleo del sector editorial. Entre las historias significativas se encuentra la de Silvia Castrillón, una pionera en el ámbito de la edición y en el desarrollo de políticas de lectura en Colombia. Además, el libro relata la fascinante evolución del Grupo Editorial Norma, el proyecto editorial colombiano más influyente en el contexto transnacional durante dos décadas. Esta obra rinde homenaje a la audacia y la creatividad de estas mujeres que han desafiado las convenciones en su pasión por la edición. Desde una perspectiva sociológica, estos testimonios permiten comprender cómo las mujeres han ejercido liderazgos editoriales en contextos adversos, negociando entre lógicas comerciales, culturales y políticas, y ampliando los márgenes de acción dentro de un campo históricamente masculinizado (Bourdieu, 2002; Thompson, 2005).
Al respecto, y en el contexto colombiano, es importante destacar la Biblioteca de Escritoras Colombianas, un proyecto del Ministerio de Cultura que se inició en 2020. En relación con la explicación sobre el origen de la colección, se afirma:
Durante la fase de investigación encontramos que las escritoras colombianas son una población históricamente marginada en todos los ámbitos del medio literario. Las mujeres en Colombia no han tenido las mismas oportunidades que los hombres para educarse, publicar sus libros, hacerlos circular, abrirse camino en la academia, enviar sus obras a los concursos, ni ganar los premios. Por lo anterior su participación en las letras ha sido menos visible y sus trabajos, no solo no han sido valorados como lo merecen, sino que en muchas oportunidades han sido olvidados, borrados o censurados. Es cierto que en años recientes la situación de las escritoras colombianas ha mejorado. Sin embargo, siguen en desventaja frente a la de los hombres2.
A partir de lo anterior, la Biblioteca de Escritoras Colombianas buscó promover 18 títulos de algunas de las escritoras más representativas del país, desde la Colonia hasta la primera mitad del siglo XX. Se trata de títulos que están descatalogados o no tuvieron divulgación; incluye autoras de Bogotá y la región Andina, la Sierra Nevada del Cocuy, la costa Caribe, San Andrés Islas, el nororiente, el suroccidente, el Eje Cafetero y Medellín. Es de gran relevancia la pluralidad y diversidad en la escogencia de las escritoras: blancas, mestizas, negras, raizales e indígenas. Y tienen diferentes perfiles y situación social: mujeres privilegiadas y mujeres excluidas, religiosas y laicas, amas de casa y profesionales, y en condición de discapacidad.
Desde la perspectiva de los resultados, este proyecto editorial puede interpretarse como una estrategia de reparación simbólica y reconfiguración del canon literario nacional, en tanto reincorpora en los circuitos de circulación obras y autoras históricamente marginadas de los catálogos comerciales y de los relatos dominantes de la historia literaria colombiana (Ministerio de Cultura, 2020). La diversidad territorial, étnica y social de las escritoras seleccionadas evidencia un esfuerzo deliberado por ampliar los marcos de legitimación literaria y por reconocer que la producción femenina ha sido constitutiva —y no periférica— del campo cultural colombiano. En este sentido, la Biblioteca no solo recupera textos, sino que produce un nuevo relato patrimonial, alineado con enfoques contemporáneos de memoria cultural y equidad de género en la política editorial pública (Garone Gravier, 2020).
También, existen otros programas e iniciativas gubernamentales, como Mujeres escritoras centenarias del Gran Caldas, el cual, por medio de la documentación sobre la escritura femenina del siglo pasado, se hace divulgación a través de materiales didácticos, como podcasts.
Este tipo de iniciativas complementa los esfuerzos editoriales tradicionales al incorporar formatos de mediación cultural propios del entorno digital, lo que favorece el acceso de públicos no especializados y amplía los procesos de apropiación social del conocimiento literario (Bernasconi et al., 2023). En términos de resultados, estos dispositivos contribuyen a actualizar la circulación de la literatura escrita por mujeres y a integrarla en prácticas culturales contemporáneas que trascienden el libro impreso como único soporte de legitimación.
Otro evento cultural que ha cobrado relevancia es Río de Mujeres, en la Plaza del Libro de Honda, que ya celebra su segunda edición, y es un espacio de diálogo en torno a la literatura de autoras contemporáneas.
La consolidación de este evento evidencia la emergencia de espacios de legitimación alternativos en los que la literatura escrita por mujeres se articula con el debate público, el intercambio intergeneracional y la reflexión crítica sobre las condiciones de producción cultural. Este tipo de encuentros fortalece la visibilidad simbólica de las autoras y contribuye a normalizar su presencia en las agendas culturales regionales, aspecto clave para contrarrestar las desigualdades persistentes en el campo literario (Sánchez-Mora & Macías-Nestor, 2018).
A nivel televisivo, podemos destacar el programa Literatu-ver, de Señal Colombia, el cual se ha destacado por su oferta cultural. Este programa presenta a mujeres apasionadas por la lectura, quienes comparten su amor por la literatura colombiana.
La relevancia de este formato radica en su capacidad para transformar la lectura en una práctica socialmente mediada, donde las mujeres no solo aparecen como autoras, sino también como lectoras, mediadoras culturales y prescriptoras simbólicas. En términos de resultados, la presencia femenina en la televisión pública contribuye a cuestionar los estereotipos de género asociados a la producción intelectual y fortalece modelos de identificación cultural para nuevas generaciones (Cazaux, 2008).
De igual manera, el auge de las redes sociales ha sido un factor clave en este proceso, y ha permitido que las escritoras promocionen sus obras y conecten directamente con sus lectores. Plataformas como Instagram y Twitter han sido utilizadas por autoras para compartir sus experiencias, publicar fragmentos de sus trabajos y establecer diálogos con su audiencia. Esta democratización de la comunicación ha facilitado la creación de comunidades literarias en línea que apoyan y visibilizan el trabajo de las mujeres.
Desde el análisis de resultados, el uso estratégico de redes sociales puede entenderse como un mecanismo de autogestión de la visibilidad que reduce la dependencia de intermediarios tradicionales, tales como editoriales comerciales, crítica especializada o suplementos culturales (González-Díaz et al., 2015; Viera Savigne et al., 2024). Estas plataformas han permitido a numerosas autoras construir capital simbólico, generar redes de apoyo y ampliar la circulación de sus obras, especialmente en contextos donde persisten desigualdades de género en el acceso a los circuitos formales de legitimación. Así, las redes sociales se configuran como espacios complementarios —y en ocasiones disruptivos— del campo editorial colombiano contemporáneo.
Conclusiones
El futuro de la participación femenina en la industria editorial colombiana se perfila como un escenario con importantes oportunidades, aunque aún exige un compromiso sostenido y articulado por parte de todos los actores involucrados. Tal como se ha mostrado a lo largo de este artículo, la presencia de las mujeres en el ámbito editorial no es un fenómeno reciente, sino el resultado de un proceso histórico marcado por resistencias, exclusiones y disputas de legitimidad. En este contexto, la educación y la formación continúan siendo factores clave para el empoderamiento de las nuevas generaciones de escritoras, editoras y mediadoras culturales, en la medida en que fortalecen sus capacidades críticas, amplían sus posibilidades de inserción profesional y contribuyen a transformar estructuras históricamente desiguales. Los programas universitarios, los espacios de formación editorial y los talleres de escritura con enfoque inclusivo se consolidan, así, como herramientas fundamentales para la construcción de un entorno más equitativo y democrático dentro del campo editorial.
Asimismo, resulta indispensable que las editoriales y las instituciones culturales profundicen y sostengan políticas orientadas a la igualdad de género y a la diversidad en la producción, circulación y legitimación de la literatura. Como se evidenció en los resultados, la implementación de iniciativas públicas, académicas y comunitarias ha permitido ampliar la visibilidad de autoras históricamente marginadas, recuperar obras descatalogadas y generar nuevos espacios de diálogo entre la literatura escrita por mujeres y la sociedad. Estas acciones no solo benefician de manera directa a las autoras, sino que enriquecen el panorama literario colombiano en su conjunto, al incorporar una pluralidad de voces, experiencias y perspectivas que reflejan con mayor fidelidad la complejidad cultural, social y territorial del país.
La participación femenina en la industria editorial colombiana ha crecido de forma significativa en las últimas décadas, desafiando estereotipos de género y ampliando los márgenes de reconocimiento simbólico dentro del campo literario. Este avance se manifiesta tanto en la mayor presencia de mujeres en ferias del libro, espacios académicos y proyectos editoriales, como en la consolidación de iniciativas feministas, librerías especializadas, repositorios digitales y programas institucionales que promueven la memoria literaria femenina. No obstante, pese a estos logros, persisten desafíos estructurales que demandan atención, particularmente en lo relacionado con el acceso a cargos de decisión, la equidad salarial, la crítica literaria y la legitimación en los circuitos de mayor visibilidad.
En este sentido, seguir apoyando a las mujeres que participan en la industria editorial implica no solo garantizar igualdad de oportunidades, sino también reconocer el valor cultural, social y político de sus contribuciones. La literatura, como se ha argumentado, no se limita a representar la realidad de una sociedad, sino que posee una capacidad transformadora que incide en la construcción de imaginarios, identidades y formas de convivencia. La voz femenina en la industria editorial colombiana resulta, por tanto, esencial para consolidar un campo cultural más inclusivo, diverso y representativo, capaz de dialogar con las múltiples realidades del país y de proyectarse hacia un futuro en el que la equidad no sea una excepción, sino una condición estructural del quehacer editorial.
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Notas
Notas de autor

