Pedagogía de la exclusión y el valor de la memoria: el rol de líderes sociales y recicladores en la articulación de aprendizajes significativos en Ciudad Bolívar[1]

Pedagogy of Exclusion and the Value of Memory: The Role of Social Leaders and Recyclers in the Articulation of Meaningful Learning in Ciudad Bolívar

 

Erika Johanna Upegui Correa[2]

Resumen

Este artículo de reflexión académica examina los procesos de construcción de memoria histórica e identidad comunitaria en contextos de alta vulnerabilidad social, tomando como caso de estudio el barrio Mirador del Paraíso, ubicado en Ciudad Bolívar (Bogotá, Colombia). El análisis se desarrolla a partir de las experiencias pedagógicas del área de ciencias sociales en el Colegio Minuto de Buenos Aires IED, donde gran parte del estudiantado proviene de familias desplazadas que han debido reconstruir su sentido de pertenencia y memoria colectiva.

En estas experiencias se toman como referente no solo los contenidos escolares dados por el Ministerio de educación Nacional, sino también de los líderes comunitarios a partir de sus iniciativas locales como el Museo de la Ciudad Autoconstruida y el Museo del Reciclaje, los cuales fortalecen la identidad barrial en pos de la recuperación del pasado. Esto permite hacer una aproximación sobre la formación en las instituciones educativas, en las que, a partir de la articulación con estos procesos sociales y culturales, pueden convertirse en un espacio de resistencia, reconstrucción simbólica y transformación comunitaria.

Palabras clave: memoria histórica, identidad comunitaria, vulnerabilidad social, barrio Mirador del Paraíso, localidad Ciudad Bolívar (Bogotá), Colegio Minuto de Buenos Aires IED.

Abstract

This academic reflection article examines the processes of constructing historical memory and community identity in contexts of high social vulnerability, taking as a case study the neighborhood Mirador del Paraíso in Ciudad Bolívar (Bogotá, Colombia). The analysis is developed from the pedagogical experiences of the Social Sciences area at the Minuto de Buenos Aires IED school, where a large part of the student body comes from displaced families who have had to rebuild their sense of belonging and collective memory. These experiences draw not only on the official curriculum established by the National Ministry of Education but also on the initiatives of community leaders through local projects such as the Museum of the Self-Built City and the Recycling Museum, which strengthen neighborhood identity and contribute to recovering the past. This approach allows for an understanding of how educational institutions, through articulation with these social and cultural processes, can become spaces of resistance, symbolic reconstruction, and community transformation.

Keywords: historical memory; community identity; social vulnerability; Mirador del Paraíso neighborhood; Ciudad Bolívar locality (Bogotá); Minuto de Buenos Aires Educational Institution.

Introducción

 

“En el barrio se guarda la esencia de nuestra identidad. Cada calle irradia la magia de una ciudad donde se entrelazan acentos, costumbres, tradiciones y modos de vida diversos”.

 

En este artículo de reflexión académica que hace parte del inicio de la investigación doctoral, se examinan los procesos de construcción de memoria histórica e identidad comunitaria en contextos de alta vulnerabilidad social, tomando como caso de estudio el barrio Mirador del Paraíso, en Ciudad Bolívar Bogotá (Colombia), a partir de los procesos de formación en el Colegio Minuto de Buenos Aires IED desde el área de ciencias sociales, donde gran parte d.e los estudiantes provienen de familias vulnerables que por diferentes situaciones dentro del territorio nacional debieron buscar nuevos sitios para resguardarse y volver a empezar en la construcción de identidad, motivados por la necesidad de dejar atrás todo aquello que les hizo migrar.

El trabajo desarrollado en la institución parte del reconocimiento a las labores llevadas a cabo por líderes sociales, quienes bajo el marco de resistir han podido, desde diferentes perspectivas, construir espacios de resignificación y topofilia, como lo menciona Yi Fu Tuan (2007):

La respuesta al ambiente puede ser principalmente estética: puede variar desde el placer pasajero que uno obtiene de una vista hasta la sensación igualmente pasajera pero mucho más intensa de la belleza que se revela de pronto. La respuesta puede ser táctil, un deleite en la sensación del aire, del agua, de la tierra. Más permanente —pero menos fácil de expresar— es el sentir que uno tiene hacia un lugar porque es nuestro hogar, el asiento de nuestras memorias o el sitio donde nos ganamos la vida. (p. 130)

De ahí que se genere aprecio por el territorio, un reconocimiento desde las voces de quienes han recorrido por décadas un espacio que día a día se ha ido transformando.

Bajo esa construcción de identidad, también se destacan los procesos realizados por el Museo de la Ciudad Autoconstruida, el cual hace parte del instituto distrital de patrimonio cultural de la ciudad. Está ubicado al lado de la última estación de Transmicable, junto a los trabajos realizados desde el Museo Café del Reciclaje liderado por Alexander Gil, un reciclador de oficio que, con el paso de los años, logró albergar una vasta colección de más de 18 000 objetos, incluyendo antigüedades recuperadas a través del reciclaje, entre las que destacan juguetes, discos, electrodomésticos, cámaras antiguas, libros y más.

 De ahí que la investigación se inscriba en una perspectiva transdisciplinaria que articula el pensamiento complejo a partir de los postulados de Edgar Morin, apoyado en la noción de sistemas complejos adaptativos de Murray Gell-Mann, así como la genealogía foucaultiana del poder y del saber, desde los aportes de la pedagogía crítica latinoamericana.

Partiendo de los anteriores autores, es importante comprender que la memoria no constituye un registro estático del pasado, sino un campo de disputas simbólicas que se resignifica en la práctica social y educativa. Por lo tanto, no solo se propone un marco teórico-metodológico para integrar estas dinámicas en el ámbito educativo mediante diferentes estrategias diferentes a los contenidos temáticos de una malla curricular, sino que también se le apuesta al diálogo de saberes como estrategia innovadora. El artículo busca demostrar que la transdisciplinariedad no es únicamente un enfoque epistemológico, sino también una praxis orientada a la justicia epistémica y a la transformación social.

La memoria histórica se configura como un escenario de disputas sociales, políticas y culturales donde convergen narrativas oficiales, saberes comunitarios y experiencias de vida cotidiana. En contextos marcados por la exclusión social, como la localidad Ciudad Bolívar en Bogotá, la memoria se convierte en un recurso vital para resistir los procesos de invisibilización y estigmatización. Es por esto que el barrio Mirador del Paraíso representa un espacio emblemático en el cual las dificultades materiales coexisten con la riqueza cultural y con prácticas comunitarias que reconstruyen la identidad colectiva, a partir de la necesidad de articular los procesos de memoria local con enfoques pedagógicos transformadores, capaces de resignificar el conocimiento comunitario y trasladarlo a escenarios educativos.

El problema que se aborda en este artículo radica en la desconexión entre las memorias locales y las prácticas educativas institucionalizadas. Mientras que las comunidades construyen narrativas propias sobre la violencia, el desplazamiento y la resistencia, la escuela suele transmitir un relato homogenizador que no incorpora estas experiencias. Este vacío no solo limita el potencial pedagógico de la memoria, sino que también refuerza la exclusión de las comunidades en los procesos de producción de conocimiento.

 Frente a este panorama, surge la pregunta de investigación: ¿cómo puede la articulación entre memoria histórica y construcción comunitaria en contextos de exclusión fortalecer estrategias pedagógicas orientadas a aprendizajes significativos y transformación social? De igual forma, se traza como objetivo general: analizar cómo los procesos de memoria histórica y de construcción comunitaria liderados por actores sociales del barrio Mirador del Paraíso, en la localidad Ciudad Bolívar, Bogotá, pueden articularse con estrategias pedagógicas orientadas a promover aprendizajes significativos y contribuir a la transformación social desde un enfoque transdisciplinario sustentado en el pensamiento complejo y la genealogía del poder.[3]

Estado del arte

El estudio de la memoria histórica ha ocupado un lugar central en las ciencias sociales contemporáneas. Autores como Maurice Halbwachs introdujeron la noción de memoria colectiva, entendida como el resultado de interacciones sociales y marcos de referencia compartidos. Paul Ricœur, desde una perspectiva hermenéutica, profundizó en la memoria como fenómeno narrativo vinculado a la identidad y al tiempo histórico. En América Latina, Elizabeth Jelin ha desarrollado una reflexión crítica sobre la memoria como campo de disputas en torno al pasado reciente, particularmente en contextos de dictaduras y conflictos armados.

            En el contexto colombiano, las investigaciones sobre memoria se han intensificado tras la promulgación de la Ley 1448 de 2011, conocida como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, ya que abrió un marco institucional para la reparación simbólica y la inclusión de la memoria en políticas públicas. Diversos trabajos académicos han señalado que la memoria no solo cumple una función de reparación, sino que también constituye un recurso político para las comunidades que buscan reconocimiento y justicia.

En el ámbito educativo, la memoria ha sido incorporada en proyectos pedagógicos orientados a promover la convivencia, la paz y la ciudadanía crítica. La pedagogía crítica latinoamericana, inspirada en Paulo Freire, ha insistido en que la educación debe recuperar las experiencias de los sujetos para transformar la realidad social. Sin embargo, persiste una distancia entre los discursos pedagógicos y las prácticas comunitarias de memoria, lo que limita la efectividad de estas propuestas.

Frente a los trabajos llevados a cabo en el país, se destaca el artículo desarrollado por Cancimance López (2013) denominado “Memoria y violencia política en Colombia. Los marcos sociales y políticos de los procesos de reconstrucción de memoria histórica en el país”. Este autor concibe a la memoria histórica como un conjunto de actos políticos y prácticas sociales continuas en Colombia, impulsadas principalmente por las organizaciones de víctimas y de derechos humanos. Dichas iniciativas comunitarias buscan enfrentar la violencia, reconstruir proyectos de vida, dignificar a las víctimas, hacer público el dolor, denunciar las injusticias y generar posibilidades de reparación frente a un pasado de conflicto armado.

Se resalta que este proceso surgió desde la base social, al margen de la institucionalidad, a través de repertorios variados que intentan preservar o transformar las experiencias traumáticas, como lo ejemplifican iniciativas no oficiales como la Galería de la Memoria de la Fundación Manuel Cepeda Vargas.

También, analiza la institucionalización de la memoria histórica con la creación del Grupo de Memoria Histórica (GMH), una entidad estatal encargada de elaborar una narrativa integradora e incluyente sobre el surgimiento y la evolución del conflicto, con una opción preferencial por las memorias de las víctimas. El GMH desarrolló una metodología basada en la documentación de "casos emblemáticos" y la realización de talleres de la memoria para otorgar un lugar privilegiado a las voces regionales y locales. Este esfuerzo, tanto ciudadano como estatal, busca cumplir con el deber político de reparar y acompañar a las víctimas en sus exigencias de verdad, justicia y garantías de no repetición, sentando límites éticos a la violencia.

Por lo tanto, reconocer la memoria como un acto político y una práctica social colectiva que nace desde las comunidades y las víctimas del conflicto implica otorgarle el valor que cumple como una forma de resistencia frente al olvido y como herramienta para la reconstrucción del tejido social. Sin embargo, difiere del trabajo investigativo llevado a cabo, puesto que el Grupo de Memoria Histórica aborda la institucionalización de la memoria desde una perspectiva nacional, enfatizando la articulación entre las políticas públicas y las voces de las víctimas en la construcción de narrativas oficiales del conflicto.

El trabajo investigativo llevado a cabo se sitúa en una escala local y educativa centrada en las prácticas comunitarias y los procesos pedagógicos que emergen en contextos de exclusión. En este sentido, el estudio del barrio no se limita a la representación del pasado, sino que propone la memoria como una estrategia de transformación social y aprendizaje significativo, donde la escuela y los líderes comunitarios se convierten en actores clave de una memoria viva, crítica y formativa.

A partir de las nociones anteriores, es pertinente tener en cuenta los trabajos llevados a cabo en la localidad de Ciudad Bolívar, por lo tanto, se analizó el trabajo realizado por Rodríguez Arévalo (2021) denominado “Cartografías e imágenes de la memoria: una ruta hacia el análisis de los procesos de recuerdo y olvido de los habitantes de la zona rural de Ciudad Bolívar”. Este artículo se enfoca en el análisis de los procesos de recuerdo y olvido de los habitantes de la vereda de Pasquilla en la zona rural de Ciudad Bolívar. La investigación propone que la imagen, entendida como un instrumento mental y gráfico, es la herramienta principal a través de la cual esta comunidad elabora su memoria.

El estudio se centró en el análisis de imágenes para diseñar y desarrollar una cartografía que describiera las formas de memoria que se manifiestan por medio de la narración. Los conceptos teóricos se sustentaron en temas como la memoria, la imagen y narración. El trabajo se desarrolló desde la inmersión en el territorio y el trabajo de campo, entendiendo la memoria como una cartografía en permanente construcción que busca capturar su naturaleza “huidiza e inestable” mediante mapas de imágenes. Esta perspectiva concibe la memoria como un rizoma, lo que implica un proceso de derivación continua, cambio y multiplicidad que se opone a la idea de un relato lineal o fijo.

El anterior artículo sobre la vereda Pasquilla y el presente trabajo investigativo comparten una misma preocupación: comprender los procesos de construcción de memoria histórica en comunidades de la localidad de Ciudad Bolívar marcadas por la vulnerabilidad y la exclusión. Ambos trabajos se inscriben en perspectivas que valoran la memoria como un fenómeno dinámico y colectivo que se expresa a través de prácticas simbólicas, narrativas y pedagógicas. Sin embargo, difieren en su propósito y aproximación metodológica. Mientras la investigación sobre Pasquilla se centra en la imagen y la cartografía como dispositivos de representación del recuerdo y el olvido, esta investigación aborda la memoria desde una dimensión pedagógica y social, resaltando la labor de los líderes comunitarios y su articulación con la escuela.

Otro de los textos abordados fue un artículo elaborado por Madrigal y Sánchez (2012) denominado “Las memorias del conflicto armado y la violencia en Colombia: Ciudad Bolívar como referente de mantenimiento de memoria colectiva significativa en Bogotá”. En este artículo se reflexiona sobre la memoria como una dimensión inseparablemente individual y social que actúa como salvaguarda del sentido de pertenencia en la sociedad contemporánea. Asimismo, rastrea la evolución jurídica de la noción de víctima en Colombia, desde su reconocimiento inicial —tardío— en la Ley 387 de 1997 (para población desplazada) hasta la noción más integral de la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras). El artículo concluye que Bogotá, y particularmente Ciudad Bolívar, es una ciudad de memoria donde la población mantiene una memoria colectiva que se forjó al margen del Estado, preservando su identidad frente a los marcos jurídico-políticos oficiales.

Los autores parten de la premisa de que el conflicto armado colombiano ha generado memorias individuales de violencia que se han reasentado y transformado en memoria colectiva en los nuevos territorios de las víctimas. El trabajo se enfoca en cuestionar las “políticas de memoria” agenciadas por el Estado, argumentando que estas buscan imponer una lectura institucionalizada del pasado que, usualmente, presenta opacidades y puede ser funcional al poder. En contraste, la memoria construida por los habitantes de Ciudad Bolívar, en su mayoría migrantes y víctimas del conflicto, se resiste a esta institucionalización oficial.

Este trabajo realiza un análisis teórico, histórico y jurídico de las políticas de memoria desde su relación con el poder, destacando cómo las comunidades reconfiguran colectivamente sus recuerdos frente a los marcos oficiales. La investigación que se desarrolla en el barrio Mirador del Paraíso profundiza la dimensión pedagógica y comunitaria de las memorias, explorando cómo los líderes sociales, junto a los procesos educativos, pueden articularse para promover aprendizajes significativos desde la transformación social. Así, el estudio actual trasciende la crítica institucional y se proyecta hacia la acción formativa, convirtiendo la memoria en una herramienta pedagógica de resistencia y construcción de ciudadanía.

Marco teórico: complejidad, genealogía y transdisciplinariedad

Para repensar la integración de la memoria histórica en comunidades como Ciudad Bolívar, es posible acudir a una sociología de las ausencias y de las emergencias que permita visibilizar los saberes y prácticas que han sido producidos como no existentes por el conocimiento dominante. “La sociología de las ausencias consiste en mostrar que lo que no existe es, de hecho, activamente producido como no existente” (de Sousa Santos, 2011, p. 30), lo cual aplica directamente al silencio de los relatos comunitarios de líderes sociales en los discursos oficiales de la historia nacional.

De Sousa Santos (2011) enfatiza que los movimientos sociales latinoamericanos, incluyendo los de base territorial, deben ser entendidos a partir de sus propias cosmovisiones, saberes y lenguajes. Por eso, la pedagogía que busque integrar la memoria histórica en contextos educativos debe acoger estos saberes no como objetos exóticos, sino como fuentes legítimas de conocimiento. En este sentido, la gamificación puede convertirse en una herramienta pedagógica que recupere la dimensión lúdica de la cultura popular y territorial, favoreciendo procesos de memoria colectiva más significativos, participativos y afectivos.

La noción de “sociología de las emergencias” es especialmente pertinente para el desarrollo de aprendizajes significativos, pues permite actuar sobre las posibilidades latentes en la comunidad. “La sociología de las emergencias consiste en proceder a una ampliación simbólica de los saberes, prácticas y agentes, de modo que se identifique en ellos las tendencias de futuro (lo Todavía-No) sobre las cuales es posible actuar” (de Sousa Santos, 2011, p. 33). Esto invita a construir pedagogías desde la esperanza, donde el aula no solo reproduce saberes, sino que se convierte en espacio para imaginar futuros posibles a partir del reconocimiento de experiencias locales.

Finalmente, el autor propone una ecología de saberes que implica un diálogo horizontal entre distintos conocimientos sin reducirlos a una jerarquía. Esta propuesta es clave para reconocer el valor pedagógico de las voces de los líderes sociales, cuya experiencia en procesos de resistencia y organización puede convertirse en motor de transformación educativa: “no necesitamos alternativas, sino maneras alternativas de pensamiento” (de Sousa Santos, 2011, p. 18). Así, repensar la enseñanza de la memoria histórica exige no solo nuevas metodologías, sino también nuevas formas de conocimiento donde el Sur no sea objeto de estudio, sino sujeto epistémico.

Morin (1988), en su texto “El espíritu del valle”, permite relacionar en el marco de las investigaciones educativas la posibilidad de reconstruir memorias subalternas, así como visibilizar voces históricamente silenciadas y transformar prácticas pedagógicas ancladas en la exclusión. El pensamiento de Morin (1988) se convierte en una fuente fundamental para repensar los modos de conocer, enseñar e investigar, ya que expone una crítica profunda al pensamiento simplificante, propio de la modernidad occidental, que ha escindido los saberes, separado artificialmente al sujeto del objeto, y ha ignorado la complejidad constitutiva de la realidad humana y social.

Frente a esta lógica fragmentaria, Morin (2006) propone una epistemología que asuma la articulación, la incertidumbre y la contradicción como dimensiones esenciales del conocimiento. Plantea que “el conocimiento aislado que ha obtenido un grupo de especialistas en un campo estrecho no tiene en sí mismo valor de ninguna clase” (Morin, 2006, p. 8). Esta afirmación desestabiliza la jerarquía epistémica que ha privilegiado los saberes técnicos o científicos sobre los conocimientos populares, comunitarios o ancestrales, y abre el camino a una pedagogía que reconozca a los líderes sociales, recicladores, comunidades desplazadas y demás actores periféricos como fuentes legítimas de conocimiento.

Para Morin (1988), todo conocimiento está inevitablemente atravesado por determinaciones sociales, culturales y políticas. “Todo conocimiento, incluso el más físico, sufre una determinación sociológica” (Morin, 1988, p. 41), afirma, cuestionando la pretendida neutralidad del saber académico, reclamando una postura más reflexiva y situada. En consecuencia, la incorporación de las voces de comunidades históricamente marginadas no debe ser vista como un gesto simbólico o periférico, sino como una exigencia epistemológica: sin ellas, el conocimiento permanece incompleto, sesgado, parcial.

Así, la propuesta moriniana invita a construir una pedagogía situada, ética y crítica en la que las memorias de los territorios, las narrativas de resistencia y los saberes locales se articulen con los contenidos escolares. En un país marcado por la desigualdad, la violencia y el olvido, dar voz a quienes han sido históricamente acallados no solo es un acto de justicia social, sino una condición para producir conocimiento verdaderamente complejo, relevante y transformador.

En primer lugar, se presenta un estado del arte de investigaciones previas sobre memoria histórica y educación. En segundo lugar, se desarrolla el marco teórico desde el pensamiento complejo, la genealogía foucaultiana y la transdisciplinariedad. Posteriormente, se describe la metodología utilizada y el contexto empírico de Ciudad Bolívar desde la mirada al barrio Mirador del Paraíso.

Luego, se analizaron las prácticas comunitarias de memoria como engranajes de identidad y cohesión social, seguidas de la propuesta metodológica de gamificación como pedagogía de la memoria. Finalmente, se expone una discusión crítica planteando las conclusiones que buscan aportar a los debates académicos y pedagógicos sobre memoria, educación y transformación social.

Metodología

La investigación se desarrolló desde un enfoque cualitativo y transdisciplinario, en coherencia con la naturaleza compleja del objeto de estudio. El trabajo de campo se basó en la observación participante y en entrevistas semiestructuradas realizadas a líderes comunitarios, recicladores, integrantes de colectivos culturales y representantes de organizaciones religiosas del barrio Mirador del Paraíso. Estas técnicas permitieron recolectar relatos de vida, narrativas comunitarias y reflexiones sobre la memoria colectiva.
            Además, se realizó un análisis de contenido de producciones culturales locales, como murales comunitarios, obras artísticas y documentos. El uso de la triangulación metodológica garantizó una mayor validez en los resultados, al contrastar distintas fuentes y perspectivas. El proceso investigativo también incluyó un ejercicio de sistematización de experiencias, el cual permitió identificar categorías emergentes relacionadas con identidad, cohesión social y resistencia cultural.

En términos metodológicos, el estudio se nutrió de la hermenéutica como enfoque interpretativo, lo que implicó reconocer que el conocimiento no es neutral ni objetivo, sino que está situado y atravesado por la experiencia del investigador al igual que de los actores sociales. Asimismo, se exploró la gamificación como recurso pedagógico, no como experimento formal aplicado durante la investigación, sino como propuesta proyectiva derivada del análisis empírico. El carácter transdisciplinario se materializó a partir de la integración de saberes académicos y comunitarios, en un ejercicio de diálogo horizontal que reconoció la legitimidad de ambos.

Análisis contextual

Ciudad Bolívar es una de las veinte localidades de Bogotá y se caracteriza por ser una de las más pobladas, aunque, al mismo tiempo, es de las más empobrecidas. Su historia está marcada por procesos de migración interna, desplazamiento forzado y urbanización informal. Estas dinámicas han configurado un territorio diverso y heterogéneo donde conviven poblaciones provenientes de distintas regiones del país. La localidad enfrenta problemas estructurales como la falta de acceso a servicios básicos, el desempleo y la violencia urbana, aunque también ha sido escenario de múltiples formas de organización comunitaria y resistencia cultural.

Dentro de esta localidad se encuentra el barrio Mirador del Paraíso, que constituye un microcosmos donde se reflejan las contradicciones de la ciudad. Su construcción se generó a partir de la llegada de varios campesinos que huían de la violencia en el territorio nacional durante los años cincuenta, quienes se asentaron en la parte superior de la montaña, la cual iban parcelando a medida que se iban instalando en el lugar.

La formalización del barrio se logró gracias al trabajo de varios líderes sociales, pues, al ser un espacio de construcción popular e informal, no se cuentan con registros que den cuenta de la historia sobre los mismos; sin embargo, se sabe que poco a poco fueron transformando los espacios apropiándose de ellos.

Inicialmente, el barrio se encontraba bajo la mirada de un estigma cargado de violencia, pobreza y resistencia, que poco a poco se ha ido dejando de lado a través de espacios de cambio como lo fue la implementación del transmicable, inaugurado en 2019, cuya última estación es la del Mirador del Paraíso, una entrada al barrio que además mejoró la movilidad conectando a la comunidad con la ciudad.

Asimismo, destacan en su proceso de transformación los proyectos de arte urbano realizados por el colectivo Bogotá Colors, el cual ha liderado espacios que han posibilitado la creación de murales. Además, dentro de los procesos de resignificación y construcción de memoria histórica, se han generado espacios de recorridos turísticos guiados en donde los visitantes nacionales e internacionales han podido conocer la historia del sitio al igual que arte local.

Por otro lado, se hace necesario llevar a las aulas de clase el proceso de construcción de memoria histórica, especialmente a los sitios aledaños al sector, resaltando los proyectos comunitarios bajo el laboratorio de Cocreación de Barrios Vivos,[4] que busca transformar, a través del trabajo comunitario, espacios con alta vulnerabilidad social. Este laboratorio hace parte, tal como lo mencionan en su página, de la Secretaría de Gobierno y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá (2024) y tiene su objetivo:

En construir de manera colectiva acciones que permitan deslegitimar el uso de la violencia en cualquiera de sus formas, recuperar la confianza en los territorios y habitar los conflictos como oportunidades de transformación de imaginarios, narrativas y prácticas culturales para la paz. (párr. 15)

Adicional a las actividades de los líderes sociales, también convergen iniciativas como el Museo de la Ciudad Autoconstruida, el cual se presenta como un espacio participativo, democrático y permanentemente vinculado al territorio, concebido como parte integral de la comunidad. Este espacio tiene como objetivo construir experiencias colectivas que inviten a la reflexión, donde se reconoce, problematiza, comunica y activa la pluralidad de voces, memorias, saberes, resistencias y acciones de los habitantes de su entorno.

Su exposición inaugural aborda temas como el paro de 1993, las luchas socioambientales, la educación popular y los liderazgos colectivos. Sus espacios de exhibición y participación impulsan prácticas artísticas, culturales y comunitarias que visibilizan la autogestión y la diversidad cultural incluyendo comunidades afrocolombianas, indígenas y campesinas con sus formas de vida propias de este territorio.

A pesar de las condiciones materiales adversas, sus habitantes han desarrollado prácticas que fortalecen la cohesión social y construyen memoria colectiva. Los relatos orales transmitidos de generación en generación, los murales que narran la historia del barrio, las celebraciones religiosas y las actividades de reciclaje son ejemplos de cómo la comunidad resignifica su vida cotidiana.

Este contexto empírico permite observar cómo los conceptos teóricos de complejidad, los sistemas adaptativos y el poder se materializan en prácticas concretas. Además, evidencia que la memoria histórica no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de un entramado de relaciones sociales, culturales y económicas. El análisis del Mirador del Paraíso no solo contribuye a comprender la realidad de Ciudad Bolívar, sino que también aporta a debates más amplios sobre exclusión, identidad y resistencia en América Latina, especialmente desde las discusiones que se generan en las aulas de clase.

Desarrollo del análisis: memoria como engranaje de identidad

El análisis de las prácticas comunitarias en el Mirador del Paraíso permite comprender la memoria como un engranaje de identidad y cohesión social. Los relatos orales de líderes comunitarios constituyen una forma de transmisión intergeneracional que preserva las experiencias de desplazamiento, violencia y resistencia. Estos relatos no solo documentan el pasado, sino que orientan la acción presente y proyectan futuros posibles.
            Los murales comunitarios representan una materialización visual de la memoria, condensando símbolos y personajes que forman parte de la identidad barrial. Estas expresiones artísticas funcionan como archivos colectivos que disputan el espacio público y desafían las narrativas oficiales. De igual forma, los rituales religiosos fortalecen los vínculos comunitarios y otorgan sentido a la vida colectiva en medio de la precariedad.
            El reciclaje, por su parte, se resignifica como práctica cultural que integra dimensiones económicas, ambientales y pedagógicas. Más allá de ser una estrategia de subsistencia, se convierte en una narrativa de sostenibilidad que reafirma la capacidad creativa de la comunidad. Estas prácticas, leídas desde el pensamiento complejo y la genealogía, muestran que la memoria es dinámica y se construye en la intersección entre poder, identidad y comunidad.

El análisis evidencia que la memoria histórica, en contextos de exclusión, no puede entenderse únicamente como un conjunto de relatos, sino como un entramado de acciones y significados que sostienen la vida social. Al mismo tiempo, se observa que estas prácticas comunitarias cuestionan la hegemonía de los relatos oficiales, proponiendo alternativas que dignifican la experiencia de los habitantes.

Innovación metodológica: gamificación como pedagogía de la memoria

La gamificación se postula como una estrategia proyectiva de innovación metodológica, derivada del análisis empírico en el contexto de Ciudad Bolívar, que busca articular la memoria histórica con el ámbito educativo formal. Lejos de ser un mero experimento, esta propuesta se inscribe en la necesidad de transformar las prácticas pedagógicas y los contenidos curriculares mediante enfoques alternativos al temario tradicional de las mallas.

Su valor radica en su capacidad para recuperar la dimensión lúdica de la cultura popular y territorial, permitiendo que la memoria comunitaria de los líderes sociales ingrese al aula a través de un lenguaje accesible y motivador. Al hacerlo, la gamificación no solo dinamiza el proceso de aprendizaje, sino que propicia la generación de procesos de memoria colectiva más significativos, participativos y afectivos.

Esta estrategia materializa el giro epistémico propuesto en el marco teórico al reconocer la legitimidad de los saberes locales y superar la distancia que persiste entre los discursos pedagógicos y las prácticas comunitarias de memoria. Su implementación está orientada a fortalecer la educación en contextos de exclusión, ya que genera aprendizajes significativos que vinculan directamente a los estudiantes con su historia local y su comunidad, contribuyendo al fortalecimiento de la ciudadanía crítica y a la transformación social. En esencia, la gamificación convierte la memoria comunitaria en una herramienta pedagógica de resistencia y construcción de identidad.

Discusión

Una discusión medular que surge de este estudio se centra en la operacionalización de la transdisciplinariedad en articulación con la genealogía del poder como marco para la justicia epistémica. La investigación demuestra que la integración de la memoria histórica en el barrio Mirador del Paraíso es una praxis política orientada a la transformación social, más allá de ser únicamente un enfoque epistemológico.

Este enfoque exige una ecología de saberes (de Sousa Santos, 2011) que desestabiliza la jerarquía tradicional del conocimiento. La aplicación de la sociología de las ausencias permite visibilizar los saberes y prácticas de los líderes sociales y recicladores —como el Museo del Reciclaje— que han sido activamente producidos como “no existentes” por el conocimiento dominante.

En línea con la genealogía foucaultiana, la memoria comunitaria se configura como un escenario de disputa y un acto de contrapoder epistémico que desafía la hegemonía de los relatos oficiales. Se argumenta, siguiendo a Morin (1988), que la incorporación de estas voces no es un gesto periférico, sino una exigencia epistemológica: el pensamiento simplificante y el conocimiento fragmentado que ignora estas narrativas de resistencia permanece incompleto, sesgado y parcial.

Finalmente, la sociología de las emergencias subraya que la capacidad de la comunidad para generar respuestas innovadoras —reflejando la noción de sistemas adaptativos de Gell-Mann— no solo sostiene la vida social, sino que debe ser la base para imaginar futuros posibles. Este ejercicio transdisciplinario es la condición necesaria para producir un conocimiento verdaderamente complejo y transformador.

Conclusiones

·       La memoria histórica, en contextos de alta vulnerabilidad social, como Ciudad Bolívar, debe ser entendida como un proceso dinámico, situado y transversalizado por relaciones de poder y exclusión. Esta memoria es un recurso vital que emerge de prácticas comunitarias de resistencia frente a la invisibilizarían y estigmatización impuesta por los discursos hegemónicos. La articulación de la memoria, por lo tanto, constituye un acto político indispensable para la reconstrucción simbólica y la cohesión social.

·       El trabajo abre el camino para una reflexión más amplia sobre la justicia epistémica y la producción de conocimiento desde los márgenes, proponiendo que la investigación doctoral profundice en la articulación entre memoria, territorio y praxis pedagógica. Esto implica desarrollar instrumentos analíticos que permitan evaluar cómo los saberes locales se incorporan efectivamente en los procesos educativos y qué tensiones surgen frente a los discursos institucionales.

·       El barrio Mirador del Paraíso constituye un laboratorio social donde las categorías teóricas del pensamiento complejo, los sistemas adaptativos, la genealogía y la ética del bien común se materializan en la práctica comunitaria. Esta materialización se realiza a través de un conjunto de prácticas sociales y culturales específicas, tales como los relatos orales, la creación de murales, los rituales religiosos y las actividades de reciclaje, las cuales actúan como engranajes esenciales para sostener la identidad colectiva y la cohesión social.

·       La gamificación se proyecta como una estrategia pedagógica innovadora para articular la memoria histórica comunitaria con el ámbito educativo. Su potencial reside en recuperar la dimensión lúdica y en utilizar un lenguaje accesible y motivador para generar aprendizajes significativos. Esta metodología facilita que los estudiantes se vinculen de forma activa con su historia local, fortaleciendo la ciudadanía crítica y transformando el aula en un espacio de resistencia y resignificación social.

Referencias

Cancimance López, A. (2013). Memoria y violencia política en Colombia: Los marcos sociales y políticos de los procesos de reconstrucción de memoria histórica en el país. Eleuthera, 9, 13–38. https://www.redalyc.org/pdf/5859/585961838003.pdf

De Sousa Santos, B. (2011). Epistemologías del Sur. Utopía y Praxis Latinoamericana, 16(54), 17-39. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27920007003

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Ley 1448 de 2011 (10 de junio), por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno y se dictan otras disposiciones. Diario oficial 48.096. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=43043

Madrigal, A. y Sánchez, Y. (2012). Las memorias del conflicto armado y la violencia en Colombia: Ciudad Bolívar como referente de mantenimiento de memoria colectiva significativa en Bogotá. Ciudad Paz-ando, 5(2), 71–86. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/cpaz/article/view/5356/6973

Morin, E. (1988). El espíritu del valle. Editorial Anthropos.

Morin, E. (2006). El método I: La naturaleza de la naturaleza (1.ª ed.). Ediciones Cátedra.

Rodríguez Arévalo, D. M. (2022). Cartografías e imágenes de la memoria: una ruta hacia el análisis de los procesos de recuerdo y olvido de los habitantes de la zona rural de Ciudad Bolívar. Ciudad Paz-ando, 15(1), 24–36. https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/cpaz/article/view/18016/18135

Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá. (2024, 23 de diciembre). Bogotá 2024: un año de transformación desde la cultura. https://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/es/principal/noticias/bogota-2024-transformacion-cultural-balance

Tuan, Y.-F. (2007). Topofilia: Un estudio de las percepciones, actitudes y valores sobre el entorno (F. Durán de Zapata, Trad.). Melusina. (Obra original publicada en 1974).

 



[1] El presente artículo constituye un avance del trabajo de investigación desarrollado como parte del proceso para optar al título de doctora en Pensamiento Complejo.

[2] Doctora (c) en Pensamiento Complejo por la Multidiversidad Mundo Real Edgar Morin (México). Magíster en Educación y especialista en Docencia Universitaria por la Universidad Cooperativa de Colombia. Licenciada en Ciencias Sociales. Docente investigadora de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).

[3] Como objetivos específicos se plantean los siguientes: reconocer las prácticas y liderazgos comunitarios que configuran los procesos de memoria histórica en el barrio Mirador del Paraíso; analizar las dinámicas de memoria y construcción comunitaria a partir de los principios del pensamiento complejo, la genealogía de Foucault y la transdisciplinariedad, estableciendo su relación con los procesos educativos locales; y proponer estrategias pedagógicas innovadoras, como la gamificación y el diálogo de saberes, que integren la memoria histórica y la construcción comunitaria en el ámbito educativo.

 

[4] Busca potenciar y diversificar la vida cultural, social y deportiva de los barrios; hacer procesos de transformación cultural situada para aportar soluciones a problemáticas sociales; y tejer confianza entre vecinos y aumentar el orgullo de vivir en Bogotá