La historia digital y las nuevas formas de presentación de la historia

Digital History and new Forms of Presentation of History

John Jairo Alvarado Castaneda[1]

Resumen

Este artículo ofrece una revisión crítica de las recientes transformaciones en las formas de presentación de la historia contemporánea, articulando los debates historiográficos clásicos con las perspectivas actuales en torno a la digitalización y la innovación metodológica. A partir de una lectura detenida de 25 fuentes académicas de relevancia teórica, metodológica y aplicada, se identifican áreas clave de convergencia, tensiones conceptuales y vacíos significativos en el panorama historiográfico actual. Asimismo, se abordan los aportes del campo de la historia digital, considerando su potencial como herramienta en la investigación histórica. Finalmente, se reflexiona sobre las oportunidades y los desafíos que implica la incorporación de tecnologías digitales en los procesos de reconstrucción e interpretación del pasado.

Palabras clave: historia digital, tecnologías, herramientas interactivas, fuentes históricas, investigación.

Abstract

This article provides a critical review of recent developments in the presentation of contemporary history, bridging classical historiographical debates with current perspectives on digitalization and methodological innovation. Drawing on a close reading of 25 scholarly sources of theoretical, methodological, and applied relevance, the study identifies key areas of convergence, conceptual tensions, and notable gaps within the existing historiographical landscape. The article also addresses the field of digital history, considering its potential as a research tool within historical inquiry. Furthermore, it reflects on the opportunities and challenges posed by the incorporation of digital technologies in the processes of historical reconstruction and interpretation.

Keywords: digital history, technologies, interactive tools, historical sources, research.

Introducción

El objetivo de la historia es el estudio e interpretación de los hechos y procesos sucedidos en el pasado de la humanidad para comprender cómo se han desarrollado las diferentes sociedades a través de los años. Asimismo, la Historia, como disciplina, ha tenido una evolución a lo largo del tiempo. La historiografía tradicional solía basarse en fuentes escritas y en una narrativa lineal de hechos. Sin embargo, en las últimas décadas han emergido nuevas formas de abordar la historia.

Las nuevas tecnologías, las metamorfosis sociales y el acceso a nuevas fuentes (como las digitales) han transformado el trabajo de los historiadores, modificando tanto los métodos de investigación como las formas de difusión del conocimiento, donde los discursos fatalistas del fin de las bibliotecas y las universidades quedaron sin un sustento porque “la cultura no se ha derrumbado” (Cohen & Rosenzweig, 2006).

Este artículo tiene como objetivo analizar críticamente los fundamentos teóricos, metodológicos y prácticos de la historia digital, prestando especial atención a las nuevas formas de producción, representación y difusión del conocimiento histórico mediante tecnologías digitales. En este marco, se busca identificar los principales enfoques conceptuales que definen la historia digital dentro del campo de las humanidades digitales; explorar las metodologías emergentes, como el análisis computacional, la visualización de datos, el mapeo geohistórico y las narrativas interactivas; así como examinar cómo estas herramientas están transformando la escritura, la comunicación y el acceso a la historia, especialmente desde una perspectiva pública y colaborativa. Asimismo, se revisan casos de estudio relevantes que ejemplifican la aplicación de estas nuevas formas de presentación del pasado y se reflexiona sobre los desafíos éticos, metodológicos y educativos que implica la integración de tecnologías digitales en la investigación y enseñanza histórica.

El presente escrito se desarrolla como un artículo de revisión narrativa y crítica, centrado en el análisis del estado del arte sobre la historia digital y las nuevas formas de presentación de la historia. Para ello, se realizó una búsqueda sistemática de fuentes académicas en bases de datos especializadas como Google Scholar, JSTOR, Scopus y catálogos universitarios, empleando palabras clave como “historia digital”, “humanidades digitales aplicadas a la historia”, “visualización histórica” y “narrativas interactivas”. Se seleccionaron 25 referencias relevantes, priorizando textos publicados entre el año 2000 y la actualidad, escritos por autores reconocidos en el campo y que abordan tanto marcos teóricos como aplicaciones metodológicas. Las fuentes fueron analizadas y organizadas en cinco ejes temáticos: fundamentos teóricos, metodologías computacionales, historia espacial, narrativas visuales e interactivas, y prácticas de historia pública. Esta metodología permitió identificar puntos de convergencia, tensiones conceptuales y desafíos actuales en la construcción digital del conocimiento histórico.

Los debates historiográficos contemporáneos

La evolución de la historia como disciplina ha experimentado transformaciones significativas a lo largo del tiempo, desde los primeros intentos de sistematizarla hasta las teorías contemporáneas que exploran las estructuras globales. Heródoto, considerado el “padre de la historia”, fue pionero en la narración de los hechos históricos con un punto de vista descriptivo, intentando dar una explicación a las causas de los eventos, sin embargo, se evidencia con una perspectiva a menudo fabulosa y subjetiva. En el siglo XIX, Leopold von Ranke transformó la historiografía con su énfasis en la historia “como realmente sucedió”, poniendo el foco en la investigación de fuentes primarias y buscando una objetividad mediante el análisis únicamente en los documentos.

Así mismo, la historia ha sido objeto de reflexión y revisión por parte de académicos como Marc Bloch y Lucien Febvre, fundadores de la revista Annales d'histoire économique et sociale (1929), quienes resaltaban la importancia de comprender los fenómenos históricos desde su contexto social y cultural, y no simplemente a través de los relatos tradicionales de los grandes hombres o eventos aislados. Para Bloch, la historia debía ser entendida como una ciencia social que analizara las estructuras y los procesos a largo plazo, en lugar de enfocarse en hechos puntuales, lo que llevaría al enfoque de la historia conocido como la Escuela de los Annales (Burke, 1996).

Más tarde, Fernand Braudel, dentro de la Escuela de los Annales, desafió la concepción tradicional de la historia, proponiendo que los fenómenos históricos deben ser entendidos en términos de largas duraciones, abriendo el camino a la historia global y estructural que incluye no solo los eventos políticos, sino también los procesos económicos y sociales de largo plazo (Burke, 1996). Esta preocupación por la rigurosidad y la transparencia en el uso de las fuentes también ha sido analizada por Grafton (1997), quien mostró cómo la práctica del pie de página no solo valida la autoridad del historiador, sino que constituye una forma de argumentación historiográfica en sí misma.

Por otro lado, historiadores como Perry Anderson y Peter Burke también contribuyeron a la expansión de la historia social y cultural en sus respectivos trabajos. Anderson, con su análisis marxista de la historia, respaldó un entendimiento de las estructuras económicas y políticas que soportaban las sociedades, haciendo hincapié en la importancia de escrutar las formaciones sociales a través de sus relaciones de poder y clase. Por su parte, Burke (1996) centró su atención en el papel de la historia cultural y la microhistoria, defendiendo la necesidad de explorar las prácticas cotidianas, las mentalidades y las representaciones sociales en lugar de concentrarse solo en los grandes acontecimientos. Junto a pensadores como Christopher Hill, Eric Hobsbawm, Jim Sharpe, Givani Levi, Roy Porter, E. P. Thompson y Ranahit Guha, entre otros, se marcó un giro crucial en la historiografía al alejarse de una historia centrada en los grandes relatos políticos para abrir espacio a un análisis más plural y amplio de las realidades históricas.

Francis Fukuyama, en su obra El fin de la historia y el último hombre (1992), formuló la polémica teoría del “fin de la historia”, según la cual el desarrollo histórico puede entenderse como una sucesión de conflictos ideológicos que culminan en la consolidación de la democracia liberal como forma política definitiva (Anderson, 1992). Esta interpretación refleja una visión teleológica de la historia que ha sido ampliamente debatida en el ámbito académico. En este contexto, la disciplina histórica ha transitado desde la simple narración de hechos y biografías individuales hacia un enfoque más amplio que contempla estructuras, procesos de larga duración y dinámicas globales.

La historia digital y sus implicaciones

Teniendo en cuenta los distintos debates que se han venido dando a través del tiempo, en cuanto a la evolución de la historia como disciplina y el oficio del historiador, debemos recordar que en los últimos años las herramientas y plataformas digitales que se utilizan para la comunicación, y los nuevos medios que permiten que estos funcionen, han hecho que la investigación, escritura, presentación y enseñanza del pasado sea repensada. Las implicaciones que trae la implementación de las nuevas tecnologías al desarrollo de la investigación histórica pueden ser la digitalización de las fuentes históricas, la minería de datos y la Big Data, la historia digital, y las nuevas tecnologías, el archivo y la preservación digital.

La historia digital es complicada de definir, pero se puede decir que es un enfoque para el análisis y representación del pasado que hace uso de las nuevas tecnologías de la comunicación basándose en las herramientas básicas del mundo digital, como bases de datos, redes e hipertexto, para la creación y difusión de contenido histórico (CHNM). Se puede señalar que la historia digital encarna la democratización del conocimiento histórico, porque cualquier persona con acceso a Internet puede consultar e investigar, incluidas las minorías que han sido excluidas frecuentemente de las “grandes narrativas” de la nación (Ayers, 1999).

La historia digital es un campo emergente que utiliza tecnologías digitales para investigar, representar y comunicar el pasado, ampliando tanto los métodos como los públicos de la disciplina histórica. Este enfoque interdisciplinario permite explorar las fuentes desde cinco ejes temáticos fundamentales: los fundamentos teóricos, que proporcionan el marco conceptual para comprender cómo la digitalización transforma la investigación histórica; las metodologías computacionales, que ofrecen herramientas para analizar grandes volúmenes de datos, automatizar procesos y descubrir patrones ocultos en las fuentes; la historia espacial, que incorpora tecnologías de georreferenciación para contextualizar los eventos en su dimensión territorial; las narrativas visuales e interactivas, que facilitan nuevas formas de representar y experimentar el pasado mediante mapas, líneas de tiempo, visualizaciones y recursos multimedia; y las prácticas de historia pública, que promueven la participación ciudadana y el acceso abierto al conocimiento histórico. Estos ejes permiten una aproximación crítica, creativa y colaborativa a las fuentes, transformando no solo lo que investigamos, sino cómo lo comunicamos y para quién lo hacemos.

Fundamentos teóricos de la historia digital

El surgimiento de la historia digital como subdisciplina se vincula estrechamente con el desarrollo de las humanidades digitales y con la transformación que las tecnologías de la información han generado en la historiografía. Cohen & Rosenzweig (2006) fueron pioneros al conceptualizar la historia digital no solo como el uso de medios digitales para almacenar o presentar datos históricos, sino como una nueva forma de hacer historia, marcada por la interactividad, la colaboración en línea y el acceso abierto. Esta visión es complementada por Robertson (2014), quien distingue entre humanidades digitales generales y la historia digital como un campo con métodos propios, centrado en la interpretación del pasado mediante tecnologías computacionales.

A su vez, Kirschenbaum (2010) destaca que las humanidades digitales no son únicamente un campo técnico, sino una forma de pensamiento académico con raíces en la teoría crítica, lo que otorga profundidad epistemológica a la práctica digital del historiador. Desde una perspectiva más integradora, Schreibman et al. (2016) ofrecen un panorama general del campo, abordando herramientas, problemas y enfoques contemporáneos en la intersección entre humanidades, tecnología y cultura digital. Estos marcos teóricos coinciden en que la historia digital no es solo una forma moderna de difundir contenido histórico, sino una transformación estructural en las formas de investigar, narrar y compartir el pasado.

Metodologías computacionales y análisis de datos en historia

Uno de los aportes más innovadores de la historia digital es la incorporación de técnicas computacionales en el análisis historiográfico. Moretti (2013), con su propuesta de “lectura distante” (distant reading), sugiere alejarse de la lectura intensiva de textos individuales para examinar grandes corpus desde una perspectiva cuantitativa y visual, lo que permite detectar patrones amplios y tendencias culturales. En esa línea, Jockers (2013) desarrolla métodos de análisis computacional para estudiar literatura y cultura desde una perspectiva macro, aplicando técnicas de minería de texto y modelado estadístico. En esta línea, Thomas (2004) propone el concepto de “imaginación computacional” como una capacidad del historiador para vincular herramientas digitales con la interpretación creativa del pasado, superando la visión puramente instrumental de la tecnología.

De igual forma, Graham et al. (2016) profundizan en esta tendencia al introducir el concepto de “macroscopio”, una herramienta teórica que permite al historiador observar fenómenos históricos a gran escala mediante el procesamiento de grandes volúmenes de datos. Por su parte, Rockwell y Sinclair (2016) exploran técnicas más específicas de minería de texto y análisis semántico, las cuales son útiles para interpretar fuentes históricas digitalizadas. Guldi & Armitage (2014) reivindican el potencial de las herramientas digitales para reintroducir el análisis de larga duración en la historiografía, lo que denominan un “retorno al tiempo profundo” impulsado por el acceso masivo a bases de datos y archivos digitalizados. Estas metodologías están redefiniendo las prácticas historiográficas, al desplazar el foco desde el análisis del documento individual hacia patrones emergentes entre múltiples textos y bases de datos.

Historia espacial, cartografía digital y sistemas de información geográfica (SIG)

La historia espacial ha ganado fuerza en el contexto digital gracias al uso de sistemas de información geográfica (SIG) y plataformas cartográficas interactivas. White (2010) sostiene que pensar históricamente en términos espaciales permite interpretar los acontecimientos desde relaciones geográficas complejas, promoviendo un enfoque no lineal del tiempo histórico. Por su parte, Bodenhamer et al. (2010) argumentan que el SIG no solo es una herramienta técnica, sino un marco conceptual que transforma la manera en que el espacio y el lugar son incorporados en el análisis histórico.

De igual manera, Gregory & Geddes (2014) ofrecen ejemplos concretos de investigación histórica con SIG, demostrando cómo estas herramientas permiten modelar la evolución de territorios, rutas y fronteras desde una perspectiva dinámica. Complementariamente, Ballatore (2019) introduce el concepto de geohumanidades digitales, que amplía la mirada sobre los SIG al incluir análisis culturales, estéticos y sociales del espacio, consolidando una dimensión interpretativa más rica en la historia espacial. En este mismo sentido, Presner et al. (2014) desarrollan el proyecto HyperCities, una propuesta paradigmática de cartografía digital que combina datos geoespaciales, testimonios históricos y recursos multimedia para construir representaciones “densas” del pasado. De igual forma, los proyectos emblemáticos como el Digital Atlas of Roman and Medieval Civilizations (Harvard University, s.f.) o Mapping the Republic of Letters (Stanford University, s.f.) ilustran la potencia de la visualización espacial para narrar procesos históricos complejos. Así, la cartografía digital se convierte en una forma narrativa autónoma que combina evidencia geográfica, temporal y social.

Historia pública digital y colaboración abierta

Uno de los pilares más relevantes de la historia digital es su dimensión participativa. Rosenzweig (2003) advierte que la digitalización masiva y la apertura de archivos en línea plantean dilemas sobre conservación, autenticidad y acceso, al mismo tiempo que potencian la historia como bien común. Cohen & Rosenzweig (2006) amplía esta idea al explorar cómo la web ha permitido recolectar testimonios orales y documentos personales mediante plataformas colaborativas, creando archivos vivos construidos colectivamente. Noiret (2011), por su parte, define la historia pública digital como una forma de hacer historia desde, para y con el público, donde la participación ciudadana es central en la construcción de la memoria colectiva. Ejemplos como Europeana demuestran el potencial de estas plataformas para democratizar el conocimiento histórico, permitiendo la interacción entre instituciones, investigadores y la sociedad. Esta vertiente de la historia digital no solo transforma la forma de comunicar el pasado, sino también los procesos sociales mediante los cuales se construye.

Teniendo en cuenta la existencia de ventajas y desventajas en este campo, implica que se debe tener conciencia de cómo maximizar los recursos favorables y minimizar el riesgo que implican los obstáculos, esto significa pertenecer al grupo de los “tecno-realistas” que están en la búsqueda de hacer una buena historia digital.

La digitalización de las fuentes históricas ha permitido el acceso a una gran cantidad de fuentes primarias, muchas de las cuales estaban fuera del alcance del público o de los investigadores. Archivos digitales, bibliotecas en línea y bases de datos están transformando la forma en que se realiza la investigación histórica. En cuanto a la Big Data y minería o búsqueda de datos, como Zotero, Omeka, Transcribus, Voyant Tools, Palladio, sirven para examinar grandes volúmenes de datos que han permitido nuevas formas de investigación histórica, desde el análisis de textos hasta la identificación de patrones y tendencias en fenómenos históricos. Así mismo, herramientas como TimelineJS o StorymapJS ayudan a la visualización de datos ya analizados y que necesitan ser comunicados de una manera más atractiva (Cohen & Rosenzweig, 2006).

Nuevas formas de presentación de la historia

Una tendencia que va en alza es la presentación de contenidos históricos mediante herramientas interactivas, como sitios web, aplicaciones móviles y museos virtuales. Cameron & Kenderdine (2007) destacan que las experiencias museográficas digitales no solo transforman la forma de presentar el patrimonio, sino que generan nuevas formas de relación emocional y cognitiva con el pasado. De manera similar, Favro (2006) argumenta que las reconstrucciones en realidad virtual permiten al usuario una “mirada situada” que recrea contextos históricos de manera tridimensional. Estas transformaciones responden a lo que Manovich (2001) denomina el “lenguaje de los nuevos medios”, caracterizado por la convergencia entre texto, imagen y base de datos, que redefine la narrativa histórica en entornos digitales. Esto permite a los usuarios no solo leer o ver historia, sino también experimentar de manera más dinámica.

Del mismo modo, las presentaciones como infografías, documentales, videojuegos históricos y realidad aumentada están ganando popularidad como formas de contar historias. Estos medios ofrecen diversas posibilidades, que son accesibles, para dar a conocer el pasado a un público más amplio. Las plataformas digitales también están cambiando la escritura histórica, los historiadores ahora exponen sus investigaciones en blogs, producen pódcast o hacen publicaciones en redes sociales. Estas nuevas plataformas han democratizado el acceso a la historia, pero, así mismo, presentan desafíos en términos de rigor académico y la difusión de información poco confiable, tema de vital importancia (Cohen y Rosenzweig, 2006).

Problemas y desafíos a futuro

La historia digital representa un giro paradigmático en la forma en que entendemos y practicamos la disciplina histórica, ya que no solo redefine los métodos de investigación, sino también los modos de producción y difusión del conocimiento. Desde la academia, su adopción implica un cuestionamiento de las tradicionales prácticas historiográficas, al incorporar herramientas tecnológicas que permiten trabajar con grandes volúmenes de datos, desarrollar análisis espaciales, crear representaciones visuales y fomentar nuevas formas de interacción con el pasado. Esto no solo amplía los horizontes de lo que puede ser investigado, sino que también transforma las formas de presentación y acceso a la historia. Los historiadores ahora tienen la posibilidad de elaborar narrativas más complejas y multidimensionales, que incluyen perspectivas previamente marginadas y de crear productos más accesibles y atractivos para audiencias diversas.

En términos de impacto, la historia digital también tiene efectos sustanciales en la forma en que se conciben los procesos de enseñanza y aprendizaje dentro de las universidades. La integración de tecnologías digitales en la educación histórica permite a los estudiantes interactuar de manera activa con fuentes primarias digitalizadas, explorar simulaciones históricas o participar en proyectos colaborativos que rompen las barreras físicas y disciplinarias tradicionales. Asimismo, la historia digital ha contribuido a un mayor enfoque hacia la interdisciplinariedad, integrando saberes y herramientas de campos como la informática, la geografía, los estudios visuales y las ciencias sociales. Esto potencia la capacidad de los académicos para generar nuevas perspectivas y teorías sobre el pasado, que son más precisas como inclusivas.

El alcance de la historia digital también se extiende más allá de los límites académicos, ya que promueve una democratización del conocimiento histórico. Las plataformas digitales permiten que públicos no académicos accedan a investigaciones y materiales históricos de manera directa, promoviendo la divulgación científica y el diálogo entre especialistas y la sociedad en general. Este aspecto de la historia digital también fomenta la participación de diversas comunidades en la reconstrucción de la memoria histórica, lo que tiene implicaciones significativas para la preservación de las identidades colectivas y la elaboración de narrativas más equitativas e inclusivas. En definitiva, la historia digital redefine las fronteras entre la academia y la sociedad, transformando tanto la producción como la recepción del conocimiento histórico en un mundo cada vez más interconectado y mediado por tecnologías digitales.

Con el rápido avance de las tecnologías y las metodologías, el futuro de la historia parece estar orientado a una mayor interactividad, con nuevas posibilidades de involucrar al público en la creación y difusión del conocimiento histórico. Como lo menciona el historiador Edward Ayers (1999): “la historia digital puede ser tanto un catalizador como una herramienta en la creación de un tipo de historia más literaria”, refiriéndose a que la principal forma difusión de la historia es la narrativa, aunque existan proyectos que le apuntan a lo linealidad de los textos.

Conclusión

A partir del análisis crítico de las 25 fuentes seleccionadas, este artículo ha demostrado que la incorporación de nuevas tecnologías en el campo de la historia contemporánea no solo ha transformado los modos de acceso, producción y difusión del conocimiento histórico, sino que también ha reconfigurado las prácticas metodológicas y los marcos teóricos que sustentan la disciplina. La historia digital emerge, en este contexto, no como una subdisciplina autónoma, sino como un campo transversal que interpela las formas tradicionales de hacer historia, al tiempo que plantea nuevas preguntas sobre la materialidad de las fuentes, la temporalidad del archivo y la autoría del relato histórico.

Entre los hallazgos más relevantes se encuentra la identificación de una creciente convergencia entre enfoques metodológicos tradicionales y herramientas digitales, particularmente en áreas como la visualización de datos, el análisis de redes y la reconstrucción de espacios históricos mediante tecnologías geoespaciales. No obstante, también persisten tensiones conceptuales importantes: la brecha entre historiadores formados en paradigmas analógicos y las exigencias técnicas del entorno digital; la necesidad de marcos éticos para el uso y la preservación de datos digitales; y la desigualdad en el acceso a infraestructuras tecnológicas entre distintas regiones y comunidades académicas.

En suma, el diálogo entre historia y nuevas tecnologías presenta un horizonte de posibilidades metodológicas y epistemológicas, pero también impone desafíos urgentes en términos de formación, infraestructura y reflexión crítica. Superar estos retos exige no solo una actualización técnica, sino también una renovación del pensamiento historiográfico que permita integrar de forma consciente y rigurosa las potencialidades del mundo digital al quehacer histórico.

 

Referencias

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Fundamentos y teoría de la historia digital

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Metodologías digitales y visualización

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Mapas, redes y geohistoria

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Historia visual, transmedia y narrativa interactiva

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Historia pública y colaboración digital

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Casos prácticos y proyectos emblemáticos

 

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[1] Profesor del Programa de Historia de la Escuela de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades (ECSAH) de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).