Iniciales
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Serrano Rubiano, A. L., Rodríguez Rodríguez, C. M., Alvarado Hidalgo, M., Parra Ávila, E., Pedraza, C. E., Rivera Romero, Y., & Perdomo Torres, I. (2019). Iniciales. Libros Universidad Nacional Abierta Y a Distancia, 1 - 16. Recuperado a partir de https://hemeroteca.unad.edu.co/index.php/book/article/view/3512

Resumen

Introducción

La sociedad del conocimiento se constituye en un escenario de acceso a las tecnologías, la información y el conocimiento. En el contexto de la educación, esta avanza hacia las sociedades del aprendizaje, en las que aprender a aprender, aprender a lo largo de la vida y el desarrollo de la creatividad y la innovación para el desarrollo humano sostenible se constituyen en grandes desafíos. Esto implica ser coherentes con un mundo cambiante, en el que los procesos de comunicación y socialización de las personas, y los momentos que, antes estaban muy definidos en sus proyectos de vida, hoy no son lineales.

Esto último ha generado que se arraigue la concepción de la educación desde la perspectiva de que sea <<la educación a lo largo de la vida>>, influenciada por los medios de comunicación y apoyada por nuevas mediaciones con el uso de internet y las tecnologías de la información y la comunicación. Por tanto, es preciso comprender que la educación y sus formas de interacción para el aprendizaje también enfrentan continuos cambios. Es así como la tecnología digital influye sobre el currículo y los procesos de enseñanza-aprendizaje tradicionales, toda vez que con el acceso a la información y al conocimiento los actores académicos debaten y aportan de manera activa en los procesos y avances curriculares, ya que son prosumidores. Esto es, no solo consumen contenidos, sino que están en capacidad de ser productores de contenidos y nuevos modelos que permitan la optimización de la enseñanzaaprendizaje. En ese sentido, en la actualidad, las disciplinas:

[…] ya conocidas en su versión tradicional, distribuidas en silos independientes, constreñidas por las perspectivas regionales, que se enseñan a todos los que llegan a la comunidad educativa por motivos de comprensión académica, única exclusivamente, no bastan. El universo de lo que se considera necesario aprender se está expandiendo (Perkins, 2016, p. 15).

Frente a este mundo cambiante, la educación virtual y digital logra establecer un nexo pertinente en ese paso de la sociedad del conocimiento hacia las sociedades del aprendizaje, así como a su democratización. Luego, se rompe con el paradigma tradicional, en el que predomina el flujo de información intramuros, el poder del profesor mediante los contenidos y el acceso al conocimiento de acuerdo con la capacidad de infraestructura física de las instituciones educativas y las posibilidades socioeconómicas de las personas, procesos que en consonancia interactiva forman redes de aprendizaje que articulan el conocimiento, las sociedades en su diversidad y las tecnologías. Por tanto, la educación abierta, virtual y digital rompe los muros de la educación tradicional y traspasa fronteras posibilitando nuevas formas de comunicación, nuevos medios y mediaciones para aprender a aprender y, aprender a largo plazo en la vida, en un marco educativo para todos, y un acceso universal a ella, ofreciendo así, por ejemplo, posibilidades de formación a las personas con discapacidad y con barreras de distinto orden de acceso formativo.

De acuerdo con lo anterior, el acto educativo en la educación virtual y digital permite individualizar a las personas en sus contextos, necesidades y capacidades para potenciar su desarrollo y su empoderamiento, y por esta vía, procurar el mejoramiento de su calidad de vida, la consolidación de proyectos de vida personales, familiares, colectivos y comunitarios, desde lo que significa la educación abierta y a distancia <<sin distancias>>. Luego, es menester pensar la educación desde nuevos enfoques, modelos y metodologías. Esto resulta de gran relevancia si se considera que las tradiciones en las formas de enseñar y reproducir conocimiento, históricamente, han dejado incertidumbres en relación con el papel emancipador de la educación en algunas sociedades, en aquellas en que la línea de pobreza evidencia dificultades de acceso a la educación con calidad. No obstante, incluso, cuando se plantean alternativas a través de una educación abierta y a distancia y virtual, con altas posibilidades para potenciar el aprendizaje y el desarrollo humano, las resistencias al cambio y a las innovaciones no permite vislumbrar un futuro sostenible para que la educación tenga un papel principal en el mejoramiento de la calidad de vida.

Teniendo en cuenta esta perspectiva, para establecer el nexo entre el derecho a la educación y el acceso a la justicia, es importante reconocer al sistema educativo como una herramienta sustancial para formar en la defensa y protección de los derechos fundamentales en los distintos niveles educativos, desde la atención a la primera infancia hasta el nivel de educación superior. Por tanto, es urgente y necesaria la formación de juristas capaces de trascender en la vida de las personas, de manera tal que, culturalmente, la defensa por los derechos fundamentales se constituya en un principio rector de los comportamientos socioculturales de las personas en la vida cotidiana, así como, el valor que se le debe dar al acceso a la justicia. De esta manera, la incorporación de las tecnologías en los procesos de formación lleva a que estas dejen de ser instrumentos o artefactos y se conviertan en elementos de sensibilización, frente a la diversidad cultural, y desde allí, en una herramienta tecnosocial que permita el cierre de las diferentes brechas que aquejan a los territorios. Así, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación no solo debe atender a la optimización de la operatividad del sistema jurídico, sino que debe ser parte integral de los nuevos modelos y metodologías de enseñanza-aprendizaje al interior de la formación en Ciencias Jurídicas. Expresado en estos términos, el fomento de programas en Ciencias Jurídicas, soportados en la mediación virtual y a distancia, permite contribuir a fortalecer los avances en la democratización del conocimiento, y a generar competencias para que los futuros juristas puedan ser partícipes activos en la generación de los elementos que, desde su hacer profesional, procuren el desarrollo de los territorios.

En este sentido, este libro pretende demostrar que la metodología empleada para la formación no excluye campo, área o disciplina alguna. Por ende, las metodologías no presenciales son aptas para la enseñanza y el aprendizaje de las Ciencias Jurídicas. De esta forma, se deja abierto el debate sobre las oportunidades y las bondades que tiene la formación de juristas en una era permeada por las tecnologías de la información. Para ello, en el capítulo primero Programas de Derecho: oferta internacional en modalidad a distancia y virtual, se parte de la revisión de la oferta internacional actual de programas académicos en el área de la Ciencia Jurídica, impartidos en la metodología virtual y a distancia. Este recorrido recoge algunas de las experiencias presentes en América, África, Europa y Oceanía. A partir de esta comprobación, y dada la no existencia de instituciones educativas oferentes en Colombia, en el capítulo dos, Educación jurídica en Colombia, en modalidades a distancia y virtual: revisión normativa, se procede a revisar el marco normativo nacional, que regula la educación superior, con el fin de explorar las posibilidades que tiene la educación jurídica en metodología abierta y a distancia en el país. En complemento a estos hallazgos, en el capítulo tres, Autonomía universitaria: la oportunidad, se retoma el alcance del principio de autonomía universitaria, concebido como la independencia de una institución educativa para la toma de decisiones sobre sus propios reglamentos y organización interna, pero limitando la pretensión de producir cambios arbitrarios y alterar la gobernabilidad y la autoridad institucional. Así, en el cuarto capítulo, La educación superior en el marco de la sociedad del conocimiento: una revisión para la formación de juristas”, se aborda el tema de ampliación de los espacios de acción para que las instituciones educativas, como la Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD -, puedan plantear nuevas apuestas formativas para la oferta de programas académicos, como el de Derecho, tradicionalmente impartido en modalidad presencial, apoyadas en el uso y la apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación. Desde esta perspectiva, el capítulo 5, Repensando la formación y práctica de los juristas en el marco de la era digital: un enfoque inclusivo, comunitario y social para el desarrollo territorial, logra generar un espacio de reflexión en torno a los procesos de formación y el ejercicio profesional de los juristas en el marco de las nuevas tendencias y herramientas digitales, bajo un enfoque de desarrollo territorial. Por tanto, se evidencia que la estructura teóricoconceptual y el quehacer práctico del Derecho van más allá de la simple operacionalización de la norma jurídica. La Ciencia Jurídica debe generar un mayor acercamiento y reconocimiento de los problemas socio-jurídicos enfrentados por la comunidad, en cuyo caso las Tecnologías de la Información y la Comunicación se convierten en una herramienta facilitadora

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