Leptospirosis: una enfermedad reemergente de importancia en la producción ganadera 

Edwin Manuel Páez Barón1, Martin Orlando Pulido Medellín2 & Emma Sofía Corredor Camargo3

 1Médico Veterinario Zootecnista; Especialista en Sanidad Animal; master of arts in higher education. 2Médico Veterinario, Especialista en laboratorio clínico veterinario, Magister en Ciencias Biológicas. 3Médico Veterinario; Especialista en Sanidad Animal.

 1, 3Escuela de Ciencias Agrícolas, Pecuarias y del Medio Ambiente –ECAPMA. Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD. Tunja, Boyacá. Colombia. 2Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia UPTC. Tunja, Boyacá. Colombia.

 1edwin.paez@unad.edu.co, 2martin.pulido@uptc.edu.co, 3emma.corredor@unad.edu.co

 

Introducción

La leptospirosis es una enfermedad de carácter zoonótico que representa un problema a nivel de la salud pública y veterinaria. Todos aquellos profesionales y productores que tengan contacto con los animales y sus diversos procesos están en riesgo de contagiarse y desarrollar la enfermedad, tal como lo señala Moreno et al. (2015), esta enfermedad produce grandes pérdidas económicas a nivel pecuario y puede tener graves repercusiones para la salud humana. Una característica importante de la enfermedad, es el incremento de la casuística reportada durante los últimos años, por lo cual se le ha denominado como una enfermedad reemergente. 

A nivel productivo, la leptospirosis representa una de las mayores causantes de pérdidas económicas, debido a las manifestaciones y el cuadro clínico presentado. A nivel de la ganadería bovina la enfermedad cursa con diversas manifestaciones clínicas entres las cuales se puede destacar: abortos en cualquier estadio de la gestación, mortinatos, nacimiento de animales débiles, decremento en la producción láctea, agalactia transitoria y problemas de infertilidad (Carmona et al., 2011). 

Debido a la importancia que representa la enfermedad, se han desarrollado diversas investigaciones tendientes a evaluar la presencia del agente causal a nivel de las diversas regiones y sistemas productivos y la correspondiente identificación de los serovares involucrados con el fin de poder instaurar los programas de control de la enfermedad y poder prevenir su presentación y las consecuentes afectaciones a nivel productivo y económico. En este marco, es importante señalar que a nivel diagnostico la prueba serológica estándar que se aplica en mayor medida es la denominada Aglutinación microscópica –MAT, la cual permite la detección de anticuerpos en los individuos, la MAT es la prueba estándar recomendada por la Organización Mundial de Sanidad Animal-OIE. 

La leptospirosis

La leptospirosis es una enfermedad asociada a ciertas actividades profesionales, presentando un mayor  riesgo de contagio, entre estas actividades se resaltan: los trabajadores de minería, acueducto, alcantarillado y manejo de residuos, ganaderos y productores agropecuarios, profesionales del sector, como zootecnistas, médicos veterinarios, agrónomos y personal de plantas de beneficio y desposte, así como cualquier personal que realice labores con contacto permanente con animales y sus subproductos (Rafizah et al., 2013), constituyendo un problema de importancia a nivel de la salud pública, en este sentido, Guzmán et al. (2016) desarrollaron un estudio en el departamento del Tolima donde se muestrearon 261 individuos y mediante la prueba de ELISA se estimó una seroprevalencia del 25,29%, con una seroreactividad mayor en trabajadores de plantas de beneficio animal (34,2%), recolección de residuos sólidos (27,1%) y trabajadores de acueducto y alcantarillado (14,8%), estos datos indican una elevada prevalencia de la enfermedad en trabajadores relacionados con el sector. Sin embargo, la casuística no está restringida únicamente a profesionales y personal del sector, en este sentido, Rodríguez et al. (2009) realizaron un estudio epidemiológico en la zona urbana del Municipio de Puerto Libertador, de 78 habitantes, se tomó una muestra de sangre y se separó el suero, los cuales fueron analizados mediante la prueba de MAT con seis serovares de Leptospira, con una seroreactividad en el 67.9% de las personas, encontrando una mayor frecuencia en personas mayores de 20 años. Estos datos sugieren la posible transmisión de leptospiras debido a la presencia de ratas o ratones en las viviendas, los aljibes al aire libre y canales de aguas lentas que pueden dar lugar al contacto con la bacteria y el desarrollo de la enfermedad (Rodríguez et al., 2009). 

Dentro de este marco, es importante señalar que diversas investigaciones han sugerido una asociación entre los cambios climáticos y/o ecológicos y la presentación de una mayor cantidad de casos de la enfermedad (Petrakovsky et al., 2014; Céspedes, 2005), lo anterior, debido a que estos cambios, pueden favorecer la multiplicación y supervivencia del microrganismo causal de la enfermedad por un mayor tiempo, facilitando el contacto con los individuos susceptibles de contraer la enfermedad. Por lo anterior, esta enfermedad ha sido considerada por algunos autores como una zoonosis reemergente (Ellis, 2010; Céspedes, 2005). A nivel clínico, la Leptospirosis puede producir desde cuadros febriles indiferenciados, que en muchas ocasiones se quedan sin diagnóstico (Aswar et al., 2015, Yanagihara, 2007), hasta cuadros hemorrágicos pulmonares de gravedad que pueden conllevar hasta la muerte (Rafizah et al., 2013; Trevejo et al., 1995, citado por Céspedes, 2005). Moreno et al. (2015), sugieren que las tasas de incidencia real de la enfermedad están subestimadas ya que no hay un reporte de diagnóstico eficaz y en regiones endémicas es común que los casos tengan signos leves o sean asintomáticos (Bovet et al., 1999; Ashford, Kaiser & Spiegel, 2000; citados por Moreno et al., 2015). De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud OMS, el número anual de casos en humanos está alrededor de 350.000-500.000, sin embargo, no existen datos estadísticos exactos para determinar la dimensión real de la enfermedad y su problemática asociada (Niloofa et al., 2015; Yanagihara, 2007). 

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) considera a la leptospirosis como un problema emergente de salud pública que en los últimos años se ha constituido en un grave problema de salud (Román, Chávez & Luna, 2014). Las tasas de prevalencia de la enfermedad indican un incremento en la casuística de la misma a nivel de diversas poblaciones humanas y animales. 

Estado de la enfermedad en la actualidad

A nivel nacional y mundial se han realizado diversas investigaciones con el fin de determinar la prevalencia de la enfermedad. Ochoa, Sánchez & Ruiz (2000) realizaron un estudio con el objetivo de estimar la prevalencia de la infección por Leptospira en las poblaciones de operarios, bovinos y porcinos de explotaciones ganaderas y explorar algunas variables ambientales y del sistema de producción asociadas a la seropositividad.  Se estudiaron 23 granjas y se obtuvieron muestras de sangre de 67 operarios de lechería y porcicultura, de 174 vacas en producción y de 68 cerdos de ceba y 214 de cría. Se empleó la técnica de MAT para seis serotipos de Leptospira. La prevalencia de individuos seropositivos fue de 22,4% (intervalo de confianza de 95% (IC95%: 13,1 a 34,2) en los operarios, de 60,9% (IC95%: 53,2 a 68,2) en las vacas en producción, de 10,3% en los cerdos de ceba y de 25,7% en los cerdos de cría. 

Por otro lado, Carreño en el año 2014 realizó una revisión sistemática de las diversas publicaciones acerca de la enfermedad en Colombia, lo cual le permitió determinar que las prevalencias de la enfermedad a nivel del país están entre 6% y el 35% para humanos, 41% y 60.9% para bovinos,10.3% para cerdos, 12% y 47.14% para perros, 23.07% para primates no humanos y entre el 25% y el 82.7% para roedores siendo las más altas, donde los serovares de mayor circulación fueron Icterohaemorrhagiae, Grippotyphosa, y Canicola (Carreño, 2014). 

Agente causal de la enfermedad

Las leptospiras son bacterias de forma helicoidal, delgadas, enrolladas estrechamente, flexibles de 5-60 μm de longitud por 0.1-0.5 μm de diámetro, están constituidas por un cuerpo citoplasmático y un axostilo que se dispone en forma de espiral con una membrana envolvente que recubre ambas estructuras (García et al., 2013). En este género se incluyen especies patogénicas y saprofitas que se encuentran agrupadas en dos especies: Leptospira biflexa y Leptospira interrogans que contienen a su vez más de 210 serovares y 24 serogrupos de acuerdo a sus antígenos determinantes (Faine, Adler, Bolin & Perolat, 1999; Levett, 2001 citados por Moreno et al., 2015; Chirathaworn et al., 2014).

La estructura del lipopolisacárido (LPS) es el principal determinante del serovar. Las leptospiras se clasifican en tres grupos según su filogenicidad y patogenicidad: Patogénica, Intermedia y Saprófitas (Picardeau, 2013) (Tabla 1).

Tabla 1. Clasificación de las Leptospiras.

La enfermedad.

La leptospirosis es una enfermedad bacteriana zoonótica de distribución mundial, que afecta a la mayoría de los mamíferos domésticos. También se ha documentado en reptiles, aves, anfibios y artrópodos (Denipitiya et al., 2016). En los bovinos la enfermedad causa importantes pérdidas económicas debido a los abortos, infertilidad, nacimiento de terneros débiles y mortalidad perinatal, asimismo causa una disminución de la producción láctea (Aswar et al., 2015; González y Rivera, 2015; García et al., 2014; Draghi et al., 2011).

González y Rivera (2015), reportan que el bovino actúa como hospedador de mantenimiento del serovar hardjo. Todas las especies saprofitas pueden producir infecciones accidentales en bovinos cuya endemicidad varía según el país y tipos de explotación. Los animales silvestres son los reservorios de la mayor parte de los serovares de leptospiras patógenas (Bojiraj et al., 2015). Las fuentes de infección más frecuentes para el ganado bovino son la orina, los residuos y descargas postparto, el agua y pastos contaminados con materiales procedentes de animales infectados (González y Rivera, 2015). 

Rivera (2011), señala que los signos clínicos y la severidad de la enfermedad van a depender del serovar involucrado y de la susceptibilidad del individuo afectado. En la leptospirosis se describen dos tipos de hospedadores: los que mantienen a la bacteria en el medio ambiente que son los reservorios y que a menudo son especies silvestres en donde la infección es de tipo subclínica sin ningún tipo de manifestación clínica, y los hospedadores incidentales en los cuales la bacteria causa infección que varía desde subclínica hasta aguda con la presentación de una sintomatología. En ambos tipos la bacteria puede ocasionar el aborto, nacidos muertos o nacimientos de terneros débiles. 

Carmona et al. (2011), señalan que la infección suele ser subclínica cuando es causada por serovariedades adaptadas al bovino, como la serovariedad Hardjo. Cuando se presentan serovariedades no adaptadas, por lo general la enfermedad se puede manifestar signos como fiebre, hematuria, hemoglobinuria, ictericia y muerte en los animales jóvenes; mientras que a nivel de las hembras gestantes se pueden presentar abortos en cualquier estadio de la gestación, mortinatos, nacimiento de animales débiles, decremento en la producción láctea, agalactia transitoria y problemas de infertilidad. Todos estos problemas conllevan a pérdidas económicas en la explotación. 

La leptospirosis es transmitida a través de medios contaminados como agua, alimento o por huéspedes convalecientes o reservorios. Las rutas de infección son a través de las membranas mucosas de la conjuntiva, nasal, tracto reproductivo y por heridas (Córdova et al., 2005). 

Diagnóstico

De acuerdo a lo planteado por Picardeau (2013), la infección por leptospiras patógenas puede dividirse en dos etapas (Figura 1): La primera etapa de la leptospirosis es la septicemia o la fase aguda, que dura de 3 a 10 días, durante esta etapa, las leptospiras se encuentran en la sangre en un número decreciente hasta 15 días después del inicio de los síntomas; la segunda etapa, o etapa inmune, generalmente ocurre durante la segunda semana después del inicio de los síntomas, y dura de 4 a 30 días, durante esta etapa, el aumento del título de anticuerpos se correlaciona con la eliminación de leptospiras de sangre.

Número de días después del inicio de los síntomas         

Figura 1. Etapas de desarrollo de la enfermedad.

Fuente: Picardeau, 2013

Según lo plantean Panwala, Rajdev & Mulla (2015) el diagnóstico de leptospirosis suele basarse en la demostración de anticuerpos mediante diferentes pruebas serológicas. A continuación, se señalan las principales técnicas de diagnóstico disponibles. 

Técnicas de diagnóstico

Observación directa.

De acuerdo con Picardeau (2013), las leptospiras pueden ser observadas de manera directa mediante microscopia de campo oscuro, estas miden de 6 a 20 μm de largo y 0,15 μm de diámetro. Se pueden observar 102 a 106 leptospiras / ml de sangre durante la fase aguda de la enfermedad. Con esta técnica la leptospirosis puede ser diagnosticada mediante examen directo de sangre durante la primera semana después del inicio de los síntomas. Este es un método económico, sin embargo, existe riesgo de falsos positivos debido a desechos celulares y otros artefactos que pueden confundirse con la bacteria. 

Amplificación génica.

Reacción en cadena de la polimerasa-PCR.

La PCR es una técnica que presenta alta sensibilidad y capacidad de diagnóstico precoz de la enfermedad. De acuerdo con Denipitiya et al. (2016) y Picardeau (2013), el umbral de detección suele ser de 10 a 100 leptospiras / ml de sangre u orina. 

Métodos isotérmicos.

En los últimos años se han desarrollado técnicas de amplificación isotérmica, es una alternativa atractiva a la PCR, este método requiere sólo una unidad de calefacción, y ningún termociclador, para mantener una temperatura constante de 60 a 65 ° C, por lo que es uno de los mejores métodos para los países en desarrollo. El ADN amplificado puede ser detectado por simple observación de los ojos de la fluorescencia o de la turbidez, sin utilizar electroforesis (Picardeau, 2013). 

Diagnóstico serológico.

Prueba de aglutinación microscópica-MAT

Como lo señala la Organización Mundial de la Sanidad Animal-OIE (2008), las pruebas serológicas constituyen el medio más ampliamente utilizado para el diagnóstico de la leptospirosis, y la prueba de aglutinación microscópica (MAT) o Test de Martin y Pettit es la prueba serológica estándar (Shivakumar & Krishnakumar, 2006). Los antígenos seleccionados para su utilización en la MAT deben incluir las cepas representativas de los serogrupos que existen en la región concreta, además de aquéllos que se sabe que persisten en otra región en la especie hospedadora objeto de estudio (OIE, 2008), esta puede ser una de las desventajas de esta prueba, debido a que por su especificidad se requiere de un panel de serovariedades como antígenos diagnósticos que cubran el espectro de las serovariedades que causan la enfermedad en una zona determinada (Chinchilla, Boza & Sáenz, 1996, citados por Moreno et al., 2015). 

Moreno et al. (2015) y Picardeau (2013), la prueba MAT, fue desarrollada aproximadamente hace un siglo en el Instituto Pasteur y es la técnica de referencia en la que se utilizan suspensiones vivas de Leptospira y hay lectura microscópica en campo oscuro, esta prueba permite detectar títulos de anticuerpos de los pacientes infectados en un periodo de 6-10 días después de iniciada la enfermedad. Su especificidad es alta, sin embargo, su complejidad ha limitado su aplicación a laboratorios especializados (Terpstra, 1990 citado por Moreno et al., 2015). 

Según Moreno et al. (2015) la técnica de ELISA aún no se utiliza como prueba de rutina en los laboratorios de diagnóstico, debido a que la comparación y estandarización en la preparación del antígeno resulta difícil, dado que el antígeno se extrae de diferentes serovariedades. La ventaja de esta técnica está en proveer un diagnóstico temprano de la enfermedad, por lo que se constituye como prueba estándar para el diagnóstico de la Leptospirosis. 

La prueba MAT es considerada la prueba de referencia o “prueba de oro” para el diagnóstico de la leptospirosis, y para su realización se emplea suero problema a diferentes diluciones, cultivo de diversas cepas de referencia de Leptospira, así como microscopia de campo oscuro para evaluar el grado de la aglutinación obtenido (García et al., 2013). La técnica considera positivos aquellos animales que presentan títulos ≥ 1:100, tal como lo propone la Oficina Internacional de Sanidad Animal (OIE) y la Organización Panamericana de la Salud (Myers, 1985, citado por Luna et al., 2015). 

Inmunoensayo enzimático- ELISA.

La técnica de ELISA ha sido utilizada también para el diagnóstico de Leptospirosis y se fundamenta en la detección de anticuerpos, sin embargo, la especificidad y la sensibilidad son variables según el tipo de kit utilizado. La principal ventaja que presenta esta técnica, es la de poder detectar anticuerpos en fase tempranas del desarrollo de la enfermedad (Picardeau, 2013). García et al. (2014), señala que la prueba de ELISA puede emplearse como prueba tamiz para evaluar el estado inmunológico de una gran cantidad de sueros de animales, tiene la ventaja de ser más rápida y menos compleja en su ejecución y capaz de reafirmar la sospecha clínica y epidemiológica de la enfermedad. Recientemente se desarrolló un ELISA-Hb que emplea un antígeno basado en un serovar de Leptospira fainei para diagnóstico temprano de leptospirosis en humanos, en este sentido Penna et al. (2017) realizaron una investigación para la identificación de leptospirosis canina aguda mediante esta técnica de ELISA-Hb, mostrando un 95,6% de sensibilidad y 93% de especificidad. 

Otros métodos serológicos.

Existen otras pruebas que se pueden utilizar para la detección de anticuerpos, incluyendo macro-aglutinación, reacción de fijación del complemento, inmunofluorescencia indirecta, hemaglutinación, y pruebas de aglutinación de látex. Sin embargo, tiene baja utilización ya que presentan una variabilidad en cuanto a especificidad o sensibilidad (Picardeau, 2013). 

Conclusiones.

La leptospirosis es una enfermedad zoonótica que afecta a diversas especies, ddurante los últimos años esta enfermedad ha incrementado la casuística presentada, constituyendo una de las denominadas enfermedades reemergentes, llegando a representar un problema a nivel de la salud pública y veterinaria.

Esta es una enfermedad de importancia global y distribución mundial, pero es más frecuente en las áreas tropicales y subtropicales donde cuenta con condiciones especiales que favorecen su multiplicación (Céspedes, 2005). Sumado a esto, los cambios generados a nivel del ambiente como consecuencia del cambio climático han favorecido la multiplicación y persistencia de la bacteria en algunas regiones representando un riesgo para la salud de las poblaciones.

A nivel de Colombia y del mundo se han realizado diversas investigaciones en torno a la temática, con el fin de determinar el estatus de la enfermedad, en este sentido es importante señalar que se ha demostrado una elevada prevalencia de la misma a nivel de las diferentes poblaciones humanas y animales, lo que demuestra un amplio nivel circulante de la bacteria en el medio.

Existen diversas técnicas para el diagnóstico de la enfermedad, la prueba utilizada con mayor frecuencia es la prueba de aglutinación microscópica (MAT), la cual es considerada por la Organización Mundial de la Sanidad Animal-OIE como la prueba estándar para diagnóstico. 

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