Huella hídrica: una reflexión para la adopción de prácticas corporativas sustentables

 Ángela María Luna Villegas1, Andrea Viviana Yate Segura2, Diana Marcela Fúquene Yate3

 1Administradora Ambiental, Especialista en Gestión Ambiental, Magister en Gestión  y Políticas Públicas. 2Ingeniera Química, Magister en Ingeniería Química. 3Ingeniera Química, Especialista y Magister en Ingeniería Ambiental. Candidata a Doctora en Proyectos de la Universidad Americana de Europa.

 1, 2, 3Investigador del Grupo de Estudios Ambientales Aplicados – GEAA. Escuela de Ciencias Agrícolas, Pecuarias y del Medio Ambiente –ECAPMA. Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD. Bogotá. Colombia

 1, 2, 3geaa.unad@gmail.com

 

Introducción

El crecimiento poblacional y económico a nivel mundial presentado en las últimas décadas, genera de manera directa un incremento en la demanda de productos tanto de uso alimenticio como no alimenticio, que unido a los problemas ambientales actuales resulta de gran preocupación respecto al manejo y disponibilidad futura del recurso hídrico (Ertug & Hoekstra, 2014; Martínez, Ruiz, & Morales, 2016). Si bien, el agua se renueva a través de su ciclo natural, su disponibilidad puede verse afectada por el uso indiscriminado y/o contaminación al que es sometido. 

Con el fin de salvaguardar la calidad y cantidad de agua para uso y disfrute de futuras generaciones, así como para la preservación de la biodiversidad, se han desarrollado estudios que permiten determinar la huella hídrica, siendo este un indicador del impacto humano en el agua, involucrando la fuente de captación -huella hídrica azul-, la precipitación almacenada en el suelo -huella hídrica verde-, y el agua contaminada generada -huella hídrica gris-, en diferentes escenarios, tales como, la agricultura, el sector doméstico e industrial (Ertug & Hoekstra, 2014; Pellicer & Martínez, 2016; Wilting & Oorschot, 2016; Aivazidou, Tsolakis, Iakovou, & Vlachos, 2016; Zhao et al., 2017). Con la huella hídrica se hace evidente la interdependencia del agua con la biodiversidad, suelo, subsuelo, atmósfera entre otros (IDEAM, 2015).

La huella hídrica contempla tres componentes, la huella hídrica verde, hace referencia al agua almacenada en el suelo que soporta la vegetación y cuyos usuarios son los ecosistemas estableciendo la competencia por el uso del suelo con la agricultura, mientras que la huella hídrica  azul, involucra el agua superficial y subterránea. La huellas hídricas azul y verde son conceptos asociados a la cantidad de agua, pero un tercer componente, que es el de huella hídrica gris, hace relación a la calidad del recurso (IDEAM, 2014). 

El agua está relacionada con muchos aspectos, como la reducción de la pobreza, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la desnutrición, entre otras, lo que demanda una conciencia ecológica vinculada a una ética social; por lo tanto, el manejo de los conceptos de los indicadores de huella hídrica deben servir para evaluar y modificar los patrones de consumo, e identificar las potencialidades de un país para importar bienes que demanden grandes cantidades de agua, sin comprometer sus escasos recursos hídricos y con ello la seguridad alimentaria (Guerrero Nieto, Gil Gómez, Ruíz Daza, & Cañon, 2012). En este sentido, la huella hídrica se ha convertido en el medio para mejorar la sustentabilidad corporativa (Pellicer & Martínez, 2016) a través de la adopción de prácticas que permitan el uso eficiente del recurso hídrico, en el contexto de los programas de responsabilidad corporativa (Aivazidou, Tsolakis, Iakovou, & Vlachos, 2016).

Huella hídrica a nivel mundial

De acuerdo con Corredor et al. (2012), la ciencia contemporánea se caracterizó por la utilización de análisis reduccionistas en los que se revisaban sólo las partes o elementos que componían un sistema. Se indica, además, que estos modelos en su momento, favorecieron al profundizar el conocimiento en detrimento de la revisión integral de los sistemas (Camargo, Fonseca & Paéz, 2012).  Desde la mirada y necesidad de las ciencias ambientales se empezó a estudiar e incorporar modelos que permitieran la revisión del todo como sistema que permitiera determinar por una parte la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y por otra su  capacidad resiliente (Arevalo, Lozano & Sabogal, 2011). Vale la pena indicar que desde esta revisión holística de los ecosistemas se empezó a incorporar y relevar la importancia de los beneficios que la sociedad obtiene a lo que se ha denominado: servicios ecosistémicos. Con esta mirada integral y desde los servicios ofrecidos por el recurso hídrico, se le asignó la categoría de provisión que tiene que ver con la cantidad y regulación relacionada con la calidad (Camargo, Fonseca & Paéz, 2012). 

Se ha establecido que el consumo de agua anual a nivel mundial se incrementará en un factor de 2 en los próximos 30 años, afectando principalmente a los países en vía de desarrollo debido a la cantidad de agua empleada en productos que son exportados a países desarrollados (Arto, Andreoni & Rueda-Cantuche, 2016). Lo que permite establecer la importancia actual no sólo de la medición de la huella hídrica sino el agua virtual, que representa el consumo de agua por unidad de producción (Zhao et al., 2017). Que a largo plazo permitirá establecer políticas orientadas a promover un manejo global y sustentable del recursos hídricos (Arto, Andreoni & Rueda-Cantuche, 2016). 

A nivel mundial, se ha determinado que el mayor consumo de agua fresca se presenta en el sector agrícola para uso alimenticio, involucrando la ganadería y la industria del vino (Aivazidou, Tsolakis, Iakovou & Vlachos, 2016). En función de esto, la red de la huella hídrica, cuenta con estadísticas de la huella hídrica azul, verde y gris medidos desde el año 1996 hasta el año 2008 a nivel mundial, para productos derivados de cultivos agrícolas, biocombustibles y productos de animales de granja.  A partir de esta información, Mekonnen & Hoekstra, establecieron que los cultivos con huella hídrica elevada con relación a una tonelada de producto son: café, té, cocoa, tabaco, nueces, caucho y fibras. Por otro lado, en la producción de biocombustibles, el bioetanol presenta menor huella hídrica comparado con el biodiesel, siendo relevante para su medición la materia prima empleada, ya que para cultivos con alto contenido de azúcares la huella hídrica es inferior a la de cultivos de maíz (Mekonnen & Hoeskstra, 2011). 

Huella hídrica a nivel local

En particular para el caso Colombiano, desde el 2009 se han venido incorporando modelos que permiten análisis más amplios de los sistemas como lo es el de la huella hídrica (Arevalo, Lozano & Sabogal, 2011).  El primer estudio que analizó huella hídrica en el país, fue liderado en 2009 por la Agencia para el Desarrollo y la Cooperación Suiza –Cosude-. Luego en el 2012 se dio una profundización para el sector agrícola por parte de la Organización no Gubernamental Internacional WWF por su siglas en inglés World Wildlife fund. Posteriormente este proyecto fue profundizado favoreciendo una mirada intersectorial desde una escala territorial con el análisis de huella hídrica para la Cuenca del Río Porce (IDEAM, 2015). 

En el 2015 se publicó el Estudio Nacional del Agua – ENA-, que incorporó por primera vez en un documento de política pública el concepto de huella hídrica como componente de análisis en la estimación de las presiones por uso y contaminación del agua que afectan la dinámica de su ciclo. Este documento diagnosticó la afectación del agua en cuanto a cantidad -huella verde y azul- y calidad -huella gris-. Por lo tanto, fue considerado como la visión oficial, ampliada e innovadora de la afectación porque generaba valor agregado como usos indirectos del agua aportada por la demanda o huella azul. Finalmente se cuenta con una profundización del ENA a nivel de subzonas hidrográficas (CTA et al., 2015). 

Vale la pena indicar que el concepto de huella hídrica que mayoritariamente se ha usado en el país tiene que ver con “el volumen total de agua necesaria, directa e indirectamente, para alimentar las cadenas de producción y suministro de los bienes y servicios producidos, consumidos y/o exportados por los individuos, las empresas o los países” (Arevalo, Lozano & Sabogal, 2011). Con base en lo anterior, se dice que la huella hídrica permite cuantificar el impacto que determinada actividad o zona geográfica realiza sobre el recurso hídrico. Por tanto, el indicador ha permitido hacer una gestión integral del recurso hídrico en el referido por la Política del Ministerio de Ambiente (2010) en cuanto a planeación, administración, seguimiento, monitoreo y manejo del conflicto (MINAMBIENTE, 2010). 

Beneficios de medir la huella hídrica

La empresa conservación y carbono ubicada en la ciudad de Bogotá, indica que la huella hídrica permite mejorar procesos y abordar con un mayor entendimiento la gestión del agua y las problemáticas de escasez y contaminación de fuentes; con su medición se incorpora toda la cadena de producción y distribución de un bien o un servicio, se genera un diagrama de todo el proceso y se identifica con precisión los consumos asociados a cada etapa.

Por lo tanto, considerar y disminuir la huella hídrica de una empresa es una estrategia que permite reducir riesgos de reputación por el uso inadecuado del recurso, riesgos físicos por la escasez del recurso, riesgos legales por mayores controles ambientales y riesgos financieros debidos a los mayores costos operativos y menores ganancias. Lo cual permite: 

  • Eco-etiquetado en los productos y servicios.
  • Análisis de la sostenibilidad del consumo del recurso agua.
  • Mejora en la competitividad de los productos y servicios.
  • Mejora en la imagen institucional, al transmitir de manera clara el compromiso con el medio ambiente.
  • Detectar costos evitables asociados al consumo de agua.
  • Abrir la posibilidad de optimizar los procesos y operaciones.
  • Fortalecer el cumplimiento de las funciones del Departamento de Gestión Ambiental Empresarial. 

El agua está relacionada con muchos otros aspectos, tal como su existencia es fundamental para la vida, las relaciones con la reducción de la pobreza, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la desnutrición, entre otras, demanda una conciencia ecológica vinculada a una ética social; por lo tanto, el manejo de los conceptos de los indicadores de huella hídrica deben servir para evaluar y modificar los patrones de consumo, e identificar las potencialidades de un país para importar bienes que demanden grandes cantidades de agua, sin comprometer sus escasos recursos hídricos y con ello la seguridad alimentaria. (Guerrero Nieto, Gil Gómez, Ruíz Daza & Cañon, 2012). 

El comercio mundial de alimentos representa una gigantesca transferencia de agua entre países productores y países importadores. Países con abundante agua se convierten en exportadores de agua virtual buscando el beneficio económico que resulta de esta actividad; mientras que los países importadores, por su parte, alcanzan esta condición por razones tales como la escasez física o económica de agua o por presiones del mercado. En este último caso, por un lado les conviene más importar rubros que se ofrecen más baratos internacionalmente que los producidos internamente, y por el otro porque con ello satisfacen la alta demanda interna impuesta por los patrones de consumo de variedades exóticas o rubros agrícolas que no son de la temporada o que no se consumían anteriormente. En este intercambio comercial de agua virtual ganan los países importadores porque ahorran sus propios recursos hídricos, pero a la vez pierden en seguridad alimentaria ya que dependen de la producción en otras regiones del mundo donde la contaminación va ganando terreno y disminuyendo la disponibilidad del agua local. Los países exportadores de agua virtual pierden por usar de forma insostenible sus recursos hídricos, lo cual lleva al abandono de la diversidad agrícola, al alejamiento de la producción sustentable, a la degradación ambiental, a la pérdida de nutrientes y muy particularmente a la disminución del agua nacional disponible debido a la contaminación resultante de las malas prácticas agrícolas que dan espacio al monocultivo orientado hacia el mayor beneficio económico posible. Ganancia económica que favorece principalmente a un reducido sector de la sociedad. (Parada, 2012). 

Conclusiones

La medición de la huella hídrica se ha convertido en el punto de partida para establecer el volumen de agua disponible en una región o sector, y la calidad del mismo, permitiendo a su vez generar decisiones en función de las necesidades y las limitaciones con las que cuenta un país de acuerdo a sus recursos disponibles y a sus sectores productivos. Haciéndose importante el cálculo individual de cada huella hídrica; ya que la azul y la verde hacen referencia a la cantidad, mientras que la gris es la única que involucra la calidad; lo que permite un mejor análisis e interpretación de los resultados obtenidos, logrando así, la protección de los recursos hídricos para suplir las necesidades básicas vitales, como lo son la alimentación y el saneamiento, que se han visto afectados de manera negativa por los efectos del cambio climático. El análisis de las tres huellas hídricas permite a su vez establecer las condiciones más favorables y contemplar factores apropiados de manejo del recurso hídrico como el agua virtual.

Es por esto, que la medición de la huella hídrica en sectores productivos constituye una estrategia para reforzar o iniciar programas de responsabilidad ambiental, que de manera directa mejoren la competitividad de los productos y servicios ofrecidos mediante un consumo eficiente sin alterar de manera drástica el recurso hídrico; permitiendo la identificación de los puntos estratégicos de inversión para minimizar el riesgo de consumo excesivo y contaminación del agua.

 

Literatura citada

  1. Aivazidou, E., Tsolakis, N., Iakovou, E. & Vlachos, D. (2016). The emerging role of water footprint in supply chain management: A critical literature synthesis and a hierarchical decision-making framework. Journal of Cleaner Production, 137, 1018-1037.
  2. Arevalo, D., Lozano, J. & Sabogal, J. (2011). Estudio Nacional Huella Hídrica en Colombia sector agrícola. Revista Internacional de Sostenibilidad, Tecnología y Humanismos, 1, 101-126.
  3. Arto, I., Andreoni, V. & Rueda-Cantuche, J. (2016). Global use of water resources: A multiregional analysis of water use, water fottprint and water trade balance. Water Resources and Economics, 15:1-14.
  4. Camargo, E., Fonseca, J. & Paéz, E. (2012). Los servicios ecosistémcios de regulación: tendencias e impacto en el bienestar humano. Revista de Investigación Agraria y Ambiental, 3 (1) enero-junio, 77-83. Recuperado de: http://hemeroteca.unad.edu.co/index.php/riaa/article/view/936/934
  5. CTA, GSI-LAC, COSUDE & IDEAM. (2015). Evaluación Multisectorial de la Huella Hídrica en Colombia.Resultados por subzonas hidrográficas en el marco del Estudio Nacional del Agua 2014. Medellín, Colombia: IDEAM.
  6. Ertug, A. & Hoekstra, A. (2014). Water footprint scenarios for 2050: A global analysis. Environment International, 64, 71-82.
  7. Guerrero Nieto, S. Y., Gil Gómez, J. A., Ruíz Daza, N. H. & Cañon, L. B. (2012). Los colores del agua, el agua virtual y la huella hídrica: Conceptos para el desarrollo sostenible del recurso hídrico. Recuperado de: https://es.slideshare.net/yuli27g/los-colores-del-agua-el-agua-virtual-y-la-huella-hdrica-conceptos-para-el-desarrollo-sostenible-del-recurso-hdrico
  8. (2015). Estudio Nacional del Agua 2014. Bogotá D.C: ISBN:978-958-8067-70-4.
  9. Martínez, C., Ruiz, X. & Morales, S. (2016). Huella hídrica de una finca ganadera lechera bajo las condiciones agroecologicas del Valle del Cauca. Biotecnología en el Sector Agropecuario y Agroindustrial, 14 (2), 47-56.
  10. Mekonnen, M. M. & Hoeskstra, A. Y. (2011). The green, blue and grey water footprint of crops and derived crops products. Earth Syst. Sci., 15:1577-1600.
  11. Ministerio de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial. (2010). Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico. 124p, Bogotá D.C.:
  12. Parada, G. (2012). El agua virtual: conceptos e implicaciones. Orinoquia, 16(1), 69-76.
  13. Pellicer, F. & Martínez, J. (2016). The Water Footprint as an indicator of environmental sustainability in water use at the river basin level. Science of the Total Environment, 571:561-574.
  14. Wilting, H. & Oorschot, M. (2016). Quantifying Biodiversity Footprinti of Durch Economis Sectors: A Global Supply-Chain Analysis. Journal of Cleaner Production, DOI: 10.1016/j.jclepro.2017.04.066.
  15. Zhao, X., Tillotson, M., Liu, Y., Gou, W., Yang, A. & Li, Y. (2017). Indez decomposition analysis of urban crop water footprint. Ecological Modelling, 348,25-32.

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